The Works of Edgar Allan Poe — Volume 3

By Edgar Allan Poe

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make every signal in our power, by flaring the shirts in
the air, leaping as high as our weak condition would permit, and even by
hallooing with all the strength of our lungs, although the vessel
could not have been less than fifteen miles distant. However, she
still continued to near our hulk, and we felt that, if she but held her
present course, she must eventually come so close as to perceive us. In
about an hour after we first discovered her, we could clearly see the
people on her decks. She was a long, low, and rakish-looking topsail
schooner, with a black ball in her foretopsail, and had, apparently,
a full crew. We now became alarmed, for we could hardly imagine it
possible that she did not observe us, and were apprehensive that she
meant to leave us to perish as we were--an act of fiendish barbarity,
which, however incredible it may appear, has been repeatedly perpetuated
at sea, under circumstances very nearly similar, and by beings who
were regarded as belonging to the human species. {*2} In this instance,
however, by the mercy of God, we were destined to be most happily
deceived; for, presently we were aware of a sudden commotion on the deck
of the stranger, who immediately afterward ran up a British flag, and,
hauling her wind, bore up directly upon us. In half an hour more
we found ourselves in her cabin. She proved to be the Jane Guy, of
Liverpool, Captain Guy, bound on a sealing and trading voyage to the
South Seas and Pacific.




CHAPTER 14

THE _Jane Guy_ was a fine-looking topsail schooner of a hundred and
eighty tons burden. She was unusually sharp in the bows, and on a wind,
in moderate weather, the fastest sailer I have ever seen. Her qualities,
however, as a rough sea-boat, were not so good, and her draught of water
was by far too great for the trade to which she was destined. For this
peculiar service, a larger vessel, and one of a light proportionate
draught, is desirable--say a vessel of from three hundred to three
hundred and fifty tons. She should be bark-rigged, and in other respects
of a different construction from the usual South Sea ships. It is
absolutely necessary that she should be well armed. She should have, say
ten or twelve twelve-pound carronades, and two or three long twelves,
with brass blunderbusses, and water-tight arm-chests for each top. Her
anchors and cables should be of far greater strength than is required
for any other species of trade, and, above all, her crew should be
numerous

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Text Comparison with Cuentos Clásicos del Norte, Primera Serie

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BIBLIOTECA INTERAMERICANA II Cuentos Clásicos del Norte _Primera Serie_ Por Édgar Allan Poe [Illustration: PRO .
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No moriré, por cierto, de un resfriado.
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.
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Pasados algunos minutos, cuando la vasija estuvo del todo caliente, levanté la hoja y con indecible alegría la encontré marcada en varios puntos con algo que semejaba cifras dispuestas en líneas.
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--También me dejó a mí a obscuras por algunos días,--replicó Legrand--durante los cuales practiqué pesquisas diligentes en los alrededores de la isla de Súllivan tratando de averiguar si existía algún edificio conocido por el nombre de "Hotel del Obispo.
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Ajustando el lente del telescopio, miré otra vez, y entonces advertí que era un cráneo humano.
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A las doce de la noche en que Ligeia desapareció, llamándome perentoriamente a su lado con la cabeza, me pidió que recitara ciertos versos compuestos por ella misma no hacía muchos días.
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Mucho brillo y relumbrón; mucho de agresivo y fantasmagórico; mucho de lo que de entonces acá se ha observado después en _Ernani_.
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Es aficionado a enigmas, acertijos y jeroglíficos, manifestando en las soluciones un grado tal de _sutileza_ que parece inexplicable a la ordinaria sagacidad.
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Observa el modo de arreglar las cartas en cada juego; descubriendo a menudo triunfo por triunfo y figura por figura por las miradas que dirigen los jugadores a cada una de las cartas.
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Todo estaba perfectamente silencioso; no había lamentos ni ruidos de ninguna clase.
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" El italiano cree que es la voz de un ruso, pero "_jamás ha hablado con ningún ruso_.
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Es probable que la policía haya examinado como yo la espalda de la casa; pero de ser así, no advirtió la gran anchura de las persianas, o no le prestó por lo menos la debida consideración.
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Pero la voz de los locos, aun en sus más furiosos paroxismos, jamás ha concordado con la descripción de la voz peculiar oída arriba.
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Cada dedo ha conservado, probablemente hasta la muerte de la víctima, la espantosa posición en que se había incrustado.
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Madame L'Espanaye y su hija, en traje de dormir, estaban aparentemente arreglando algunos papeles en la caja de hierro de que antes se ha.
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Al día siguiente del incendio visité las ruinas.
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acerca del hecho sorprendente que acabo de manifestar, no dejó por ello de hacer profunda impresión en mi mente.
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En verdad, esto representaba para nosotros una especulación desesperada, en que el riesgo de la vida era la labor y el ánimo respondía como capital.
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Estábamos entonces en el cinturón de marejada que.