The Works of Edgar Allan Poe — Volume 3

By Edgar Allan Poe

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mate was evidently much agitated, and presently, when some one
mentioned the terrific appearance of Rogers’ corpse, I thought he was
upon the point of swooning. Peters now asked him if he did not think it
would be better to have the body thrown overboard at once as it was too
horrible a sight to see it floundering about in the scuppers. At this
the villain absolutely gasped for breath, and turned his head slowly
round upon his companions, as if imploring some one to go up and perform
the task. No one, however, stirred, and it was quite evident that the
whole party were wound up to the highest pitch of nervous excitement.
Peters now made me the signal. I immediately threw open the door of the
companion-way, and, descending, without uttering a syllable, stood erect
in the midst of the party.

The intense effect produced by this sudden apparition is not at all
to be wondered at when the various circumstances are taken into
consideration. Usually, in cases of a similar nature, there is left in
the mind of the spectator some glimmering of doubt as to the reality of
the vision before his eyes; a degree of hope, however feeble, that he
is the victim of chicanery, and that the apparition is not actually a
visitant from the old world of shadows. It is not too much to say that
such remnants of doubt have been at the bottom of almost every such
visitation, and that the appalling horror which has sometimes been
brought about, is to be attributed, even in the cases most in point,
and where most suffering has been experienced, more to a kind of
anticipative horror, lest the apparition might possibly be real, than
to an unwavering belief in its reality. But, in the present instance, it
will be seen immediately, that in the minds of the mutineers there
was not even the shadow of a basis upon which to rest a doubt that
the apparition of Rogers was indeed a revivification of his disgusting
corpse, or at least its spiritual image. The isolated situation of the
brig, with its entire inaccessibility on account of the gale, confined
the apparently possible means of deception within such narrow and
definite limits, that they must have thought themselves enabled to
survey them all at a glance. They had now been at sea twenty-four days,
without holding more than a speaking communication with any vessel
whatever. The whole of the crew, too--at least all whom they had the
most remote reason for suspecting to be on board--were assembled in the
cabin, with

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Text Comparison with Poemas

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Long Island desarrollaba la inmensa cinta de sus costas, y Staten Island, como en el marco de una viñeta, se presentaba en su hermosura, tentando al lápiz, ya que no, por falta de sol, a la máquina fotográfica.
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Por voluntad de Dios suele brotar de entre esos poderosos monstruos algún sér de superior naturaleza, que tiende las alas a la eterna Miranda de lo ideal.
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Mayer, estaba destinada al grueso público.
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Cuando el viaje de su protector le lleva a Londres, la escuela del dómine Brondeby es para él como un lugar fantástico que despierta en su sér extrañas reminiscencias; después, en la fuerza de su genio, el recuerdo de aquella morada y del viejo profesor han de hacerle producir una de sus subyugadoras páginas.
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«Hasta su misterio es matemático para su propio espíritu».
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Y reposo tan tranquilamente, en el presente, en mi lecho, que a contemplarme se me creería muerto, y podría estremecer al que me viera, creyéndome muerto.
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Y entonces caigo dulcemente adormecido sobre su seno, profundamente adormido del cielo de su seno.
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Un oscuro vapor de opio y de rocío se exhala de su.
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Pero habló.
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AL RÍO ¡Bello río! en tu clara y brillante onda de cristal, agua vagabunda, eres un emblema del esplendor de la belleza, un emblema del corazón que no se esconde ahora, un emblema de la alegre fantasía de arte en casa de la hija del viejo Alberto.
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LA ROMANZA ¡Oh romanza que gustas cantar, la frente adormecida y las alas plegadas, entre las hojas verdes agitadas a lo lejos sobre algún lago umbrío, tú has sido para mí un papagayo de vivos colores, un pájaro muy familiar; tú me has enseñado a leer mi alfabeto, a balbucear todas mis primeras palabras, mientras que, niño de mirada sagaz, me hundía en huraños bosques.
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¡Qué mundo de venturanza la plácida nota lanza Su voz como una caricia o.
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Y el bronce alarmante clama, clama, clama como se extiende la injuria del incendio y crece en furia, y es ya locura el pavor.
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una tumba (¡oh, triste noche del lejano octubre!) nos detuvo la losa de una tumba, de legendario monumento fúnebre.
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III Orillas de esos lagos que reflejan siempre un Cielo fatídico y huraño cerca de aquellos bosques gigantescos, enfrente de esos negros océanos, al pie de aquellos montes formidables, de esas cavernas en los hondos antros, vense a veces fantasmas silenciosos que pasan a lo lejos sollozando, fúnebres y dolientes.
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» Dijo el cuervo:»¡Nunca más!» Por respuesta tan abrupta como justa sorprendido, «no hay ya duda alguna--dije--lo que dice es aprendido; aprendido de algún amo desdichoso a quien la suerte persiguiera sin cesar, persiguiera hasta.
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Esto y más--sobre cojines reclinado--con anhelo me empeñaba en descifrar, sobre el rojo terciopelo do imprimía viva huella luminoso mi fanal-- terciopelo cuya púrpura ¡ay! jamás volverá ella a oprimir--¡Ah! ¡Nunca más! Pareciome el aire entonces, por incógnito incensario que un querube columpiase de mi alcoba en el santuario, perfumado--«Miserable sér--me dije--Dios te ha oído y por medio angelical, tregua, tregua y el olvido del recuerdo de Leonora te ha venido hoy a brindar: ¡bebe! bebe ese nepente, y así todo olvida ahora.
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