The Works of Edgar Allan Poe — Volume 3

By Edgar Allan Poe

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escapes
from death, together with the frail and equivocal tenure by which he
still existed--circumstances all so well calculated to prostrate every
energy of mind--and the reader will be easily brought, as I have been,
to regard his apparent falling off in friendship and in faith with
sentiments rather of sorrow than of anger.

The crash of the bottle was distinctly heard, yet Augustus was not sure
that it proceeded from the hold. The doubt, however, was sufficient
inducement to persevere. He clambered up nearly to the orlop deck by
means of the stowage, and then, watching for a lull in the pitchings of
the vessel, he called out to me in as loud a tone as he could command,
regardless, for the moment, of being overheard by the crew. It will
be remembered that on this occasion the voice reached me, but I was
so entirely overcome by violent agitation as to be incapable of reply.
Confident, now, that his worst apprehensions were well founded, he
descended, with a view of getting back to the forecastle without loss
of time. In his haste some small boxes were thrown down, the noise
occasioned by which I heard, as will be recollected. He had made
considerable progress on his return when the fall of the knife again
caused him to hesitate. He retraced his steps immediately, and,
clambering up the stowage a second time, called out my name, loudly as
before, having watched for a lull. This time I found voice to answer.
Overjoyed at discovering me to be still alive, he now resolved to brave
every difficulty and danger in reaching me. Having extricated himself as
quickly as possible from the labyrinth of lumber by which he was hemmed
in, he at length struck into an opening which promised better, and
finally, after a series of struggles, arrived at the box in a state of
utter exhaustion.




CHAPTER 6

THE leading particulars of this narration were all that Augustus
communicated to me while we remained near the box. It was not
until afterward that he entered fully into all the details. He was
apprehensive of being missed, and I was wild with impatience to leave
my detested place of confinement. We resolved to make our way at once
to the hole in the bulkhead, near which I was to remain for the present,
while he went through to reconnoiter. To leave Tiger in the box was what
neither of us could endure to think of, yet, how to act otherwise was
the question. He now seemed to be perfectly quiet, and we could not even
distinguish the sound

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Text Comparison with Poemas

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En los Narrows se alcanza a ver la tierra pintoresca y florida, las fortalezas.
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_ * * * * * Semejantes a los Fuertes de los días antiguos, viven en sus torres de piedra, de hierro y de cristal, los hombres de Manhattan.
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Ellas son, cándido coro de ideales oceánidos, quienes consuelan y enjugan la frente al lírico Prometeo amarrado a la montaña Yankee, cuyo cuervo, más cruel aun que el buitre esquiliano, sentado sobre el busto de Palas, tortura el corazón del desdichado, apuñaleándole con la monótona palabra de la desesperanza.
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Nacido en un país de vida práctica y material, la influencia del medio obra en él al contrario.
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Nada más cierto que la observación de.
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Por una parte, posee en su fuerte cerebro la facultad musical; por otra, la fuerza matemática.
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Por eso buscaba la comunicación con la Naturaleza, tan sana y fortalecedora.
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Bajo el cielo, resignadas, reposan las aguas melancólicas.
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BALADA NUPCIAL El anillo está en mi dedo y la corona sobre mi frente; he aquí que poseo rasos y joyas en abundancia, y en el presente instante soy feliz.
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Y pensando que mi Señor era el difunto Elormie, suspiré por él que estaba delante de mi: ¡oh yo soy dichosa ahora! Así fueron pronunciadas las palabras, y así fué empeñado el juramento.
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En la vivificante luz que brillaba en tus ojos,--haya sido cual haya sido su esencia,--encontré todo lo que mi mirada dolorosa pudo hallar de encantador sobre la tierra.
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LA ROMANZA ¡Oh romanza que gustas cantar, la frente adormecida y las alas plegadas, entre las hojas verdes agitadas a lo lejos sobre algún lago umbrío, tú has sido para mí un papagayo de vivos colores, un pájaro muy familiar; tú me has enseñado a leer mi alfabeto, a balbucear todas mis primeras palabras, mientras que, niño de mirada sagaz, me hundía en huraños bosques.
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¡Oh, qué mundo de alegría expresa su melodía! ¡Qué retintín de cristal en el ambiente glacial! Mientras las luces astrales que titilan en los cielos se miran en los cristales de los hielos, y sube la nota única como un ágil rima rúnica que allá en la noche serena va dilatando sus ecos por el último confín, y la campanilla suena dilín, dilín.
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como un suave reproche desgrana en la calma noche las perlas de su delicia.
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Resonar sólo un nombre se escuchaba que en voz baja a aquella hora yo me puse a murmurar, y que el eco repetía como un soplo: ¡Leonora!.
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la muerte, hasta el punto de, en su duelo, sus canciones terminar, y el clamor de la esperanza con el triste ritornelo de jamás, ¡y nunca más!» Mas el cuervo, provocando mi alma triste a la sonrisa mi sillón rodé hasta el frente al ave, al busto, a la cornisa; luego, hundiéndome en la seda, fantasía y fantasía dime entonces a juntar, por saber qué pretendía aquel pájaro ominoso de un pasado inmemorial, aquel hosco, torvo, infausto, cuervo lúgubre y odioso al graznar: «¡Nunca jamás!» Quedé aquesto, investigando frente al cuervo en honda calma, cuyos ojos encendidos me abrasaban pecho y alma.