The Works of Edgar Allan Poe — Volume 3

By Edgar Allan Poe

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mind.
In vain I revolved in my brain a multitude of absurd expedients for
procuring light--such expedients precisely as a man in the perturbed
sleep occasioned by opium would be apt to fall upon for a similar
purpose--each and all of which appear by turns to the dreamer the
most reasonable and the most preposterous of conceptions, just as the
reasoning or imaginative faculties flicker, alternately, one above the
other. At last an idea occurred to me which seemed rational, and which
gave me cause to wonder, very justly, that I had not entertained
it before. I placed the slip of paper on the back of a book, and,
collecting the fragments of the phosphorus matches which I had brought
from the barrel, laid them together upon the paper. I then, with the
palm of my hand, rubbed the whole over quickly, yet steadily. A clear
light diffused itself immediately throughout the whole surface; and had
there been any writing upon it, I should not have experienced the
least difficulty, I am sure, in reading it. Not a syllable was there,
however--nothing but a dreary and unsatisfactory blank; the illumination
died away in a few seconds, and my heart died away within me as it went.

I have before stated more than once that my intellect, for some period
prior to this, had been in a condition nearly bordering on idiocy. There
were, to be sure, momentary intervals of perfect sanity, and, now and
then, even of energy; but these were few. It must be remembered that
I had been, for many days certainly, inhaling the almost pestilential
atmosphere of a close hold in a whaling vessel, and for a long portion
of that time but scantily supplied with water. For the last fourteen
or fifteen hours I had none--nor had I slept during that time. Salt
provisions of the most exciting kind had been my chief, and, indeed,
since the loss of the mutton, my only supply of food, with the exception
of the sea-biscuit; and these latter were utterly useless to me, as
they were too dry and hard to be swallowed in the swollen and parched
condition of my throat. I was now in a high state of fever, and in
every respect exceedingly ill. This will account for the fact that many
miserable hours of despondency elapsed after my last adventure with the
phosphorus, before the thought suggested itself that I had examined only
one side of the paper. I shall not attempt to describe my feelings
of rage (for I believe I was more angry than any thing else) when

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Text Comparison with Poemas

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El viento frío, los pitos arromadizados, el humo de las chimeneas, el movimiento de las máquinas, las mismas ondas ventrudas de aquel mar estañado, el vapor que caminaba rumbo a la gran bahía, todo decía: _all right_.
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Reina la vida del hormiguero: un hormiguero de percherones gigantescos, de carros monstruosos, de toda clase de vehículos.
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Tú como ellas eres llama del infinito amor.
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Nacido en un país de vida práctica y material, la influencia del medio obra en él al contrario.
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En ambos, Poe ha llegado ya a la edad madura.
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Este es el que previene todas las cosas, que es sér por sí mismo necesario, y a éste llamamos Dios.
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Tristemente, sé que estoy desposeído de mi fuerza, y no muevo un músculo mientras estoy tendido, todo a lo largo.
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Bajo el cielo, resignadas, reposan las aguas melancólicas.
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¡Oh brillante princesa! ¿por qué dejar esa ventana abierta a la noche? Los espíritus juguetones, desde lo alto de los árboles se filtran a través de la persiana.
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EL COLISEO ¡Símbolo de la Roma antigua! ¡Suntuoso relicario de sublimes contemplaciones legadas al tiempo por difuntos siglos de pompa y de poderío!! Al fin, después de tantos días de fatigante peregrinaje y de ardiente sed,--sed de corrientes de la ciencia que yace en ti,--yo, hombre transformado, me arrodillo humildemente entre tus sombras y bebo del fondo mismo de mi alma tu grandeza, tu tristeza y tu gloria.
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De tus ojos, engastados en el santuario celeste de tu corazón, caen las miradas desoladas ahora, ¡oh Dios!, sobre mi espíritu fúnebre, como la luz de una estrella sobre un sudario.
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Aunque serena, la noche fruncirá su ceño, y las estrellas, de lo alto de sus tronos celestes, no bajarán más sus miradas con un resplandor parecido al de la esperanza que se concede a los mortales; pero sus órbitas rojas, desprovistas de todo rayo, serán para tu corazón marchito como una quemadura, como una fiebre que querrá unirse a ti para siempre.
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Una nube oscura vino a pasar, semejante a un sudario, y fué entonces que me volví hacia ti, Estrella del Sur, orgullosa en tu gloria lejana.
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¡Y cómo en el aire flota la áurea nota! ¡Cómo brota, cual dice la dicha ignota, en el balsámico efluvio de noche primaveral! ¡Y cuán dulce y cuán sonoro, --din dan, din dan--, es el coro, --din dan, din dan--, de la campana de oro, que en su lengua musical celebrando está el misterio de la noche nupcial.
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VIII Tranquilicé a mi Psiquis, y besándola, de su mente aparté las inquietudes y sus zozobras disipé profundas, y convencerla que siguiera pude.
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la muerte, hasta el punto de, en su duelo, sus canciones terminar, y el clamor de la esperanza con el triste ritornelo de jamás, ¡y nunca más!» Mas el cuervo, provocando mi alma triste a la sonrisa mi sillón rodé hasta el frente al ave, al busto, a la cornisa; luego, hundiéndome en la seda, fantasía y fantasía dime entonces a juntar, por saber qué pretendía aquel pájaro ominoso de un pasado inmemorial, aquel hosco, torvo, infausto, cuervo lúgubre y odioso al graznar: «¡Nunca jamás!» Quedé aquesto, investigando frente al cuervo en honda calma, cuyos ojos encendidos me abrasaban pecho y alma.
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