The Works of Edgar Allan Poe — Volume 3

By Edgar Allan Poe

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me. I struggled--I gasped--I died. “You will hardly
persist now,” said I smiling, “that the whole of your adventure was not
a dream. You are not prepared to maintain that you are dead?”

When I said these words, I of course expected some lively sally from
Bedloe in reply, but, to my astonishment, he hesitated, trembled, became
fearfully pallid, and remained silent. I looked toward Templeton. He
sat erect and rigid in his chair--his teeth chattered, and his eyes were
starting from their sockets. “Proceed!” he at length said hoarsely to
Bedloe.

“For many minutes,” continued the latter, “my sole sentiment--my sole
feeling--was that of darkness and nonentity, with the consciousness of
death. At length there seemed to pass a violent and sudden shock through
my soul, as if of electricity. With it came the sense of elasticity and
of light. This latter I felt--not saw. In an instant I seemed to rise
from the ground. But I had no bodily, no visible, audible, or palpable
presence. The crowd had departed. The tumult had ceased. The city was
in comparative repose. Beneath me lay my corpse, with the arrow in my
temple, the whole head greatly swollen and disfigured. But all these
things I felt--not saw. I took interest in nothing. Even the corpse
seemed a matter in which I had no concern. Volition I had none, but
appeared to be impelled into motion, and flitted buoyantly out of the
city, retracing the circuitous path by which I had entered it. When I
had attained that point of the ravine in the mountains at which I had
encountered the hyena, I again experienced a shock as of a galvanic
battery, the sense of weight, of volition, of substance, returned. I
became my original self, and bent my steps eagerly homeward--but the
past had not lost the vividness of the real--and not now, even for an
instant, can I compel my understanding to regard it as a dream.”

“Nor was it,” said Templeton, with an air of deep solemnity, “yet it
would be difficult to say how otherwise it should be termed. Let us
suppose only, that the soul of the man of to-day is upon the verge of
some stupendous psychal discoveries. Let us content ourselves with this
supposition. For the rest I have some explanation to make. Here is a
watercolor drawing, which I should have shown you before, but which
an unaccountable sentiment of horror has hitherto prevented me from
showing.”

We looked at the picture which he presented. I saw nothing in it of an
extraordinary character, but its effect upon Bedloe was prodigious.

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Text Comparison with Poemas

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Quedaba atrás Fire Island con su erecto faro; estábamos frente a Sandy Hook, de donde nos salió al paso el barco de sanidad.
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Nacido en un país de vida práctica y material, la influencia del medio obra en él al contrario.
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Vuelto a América, vémosle en la escuela de Clarke, en Richmond, en donde al mismo tiempo que se nutre de clásicos y recita odas latinas, boxea y llega a ser algo como un _champion_ estudiantil; en la carrera hubiera dejado atrás a Atalanta, y aspiraba a los lauros natatorios de Byron.
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Lo cual estaba ya dicho por Santo Tomás en estas palabras: «Si las cosas mismas no determinan el fin para sí, porque desconocen la razón del fin, es necesario que se les determine el fin por otro.
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ELDORADO Brillantemente ataviado, un galante caballero, viajó largo tiempo al sol y a la sombra, cantando su canción, a la busca del Eldorado.
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Desde el cielo sagrado, ningún rayo desciende en la negra noche de esa ciudad; pero un resplandor reflejado por la lívida mar, invade las torres, brilla silenciosamente sobre las almenas, a lo hondo y a lo largo, sobre las cúpulas, sobre las cimas, sobre los palacios reales, sobre los templos, sobre las murallas babilónicas, sobre la soledad sombría y desde largo tiempo abandonada, de los macizos de hiedra esculpida y de flores de piedra--sobre tanto y tanto templo maravilloso en cuyos frisos contorneados se entrelazan claveles, violetas y viñas.
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Y mi Señor me ama bien; pero la primera vez que pronunció su voto sentí estremecerse mi pecho, porque sus palabras sonaron como un toque de agonía y su voz se parecía a la de aquel que cayó durante la batalla en el fondo del valle, y que es dichoso ahora.
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Esos muros, esas arcadas revestidas de hiedra, esos zócalos musgosos, esas columnas ennegrecidas, esos vagos relieves, esos frisos ruinosos, esas cornisas rotas, ese naufragio, esa ruina, esas piedras grises, ¡ay! ¿es esto todo lo que queda de famoso y de colosal? ¿es esto todo lo que las horas corrosivas han perdonado, todo lo que ellos nos han dejado al Destino y a mi? «No.
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todo lo maravilloso que nos circunda, ni todos los misterios que moran en nosotros,--ni todos los recuerdos que se prenden en nuestros flancos como un vestido, envolviéndonos con un manto que es más que la gloria! 1833.
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A LA SEÑORITA * * * ¿Qué me importa si mi suerte terrestre no encierra en mí mismo más que una pequeña cosa de esta tierra? ¿qué me importa si años de amor son olvidados en un momento de odio? No lloro en forma alguna porque los desolados sean más dichosos que yo, pequeña, sino porque veo que os afligís por el destino de éste que no es sino un transeúnte sobre la tierra.
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Aunque serena, la noche fruncirá su ceño, y las estrellas, de lo alto de sus tronos celestes, no bajarán más sus miradas con un resplandor parecido al de la esperanza que se concede a los mortales; pero sus órbitas rojas, desprovistas de todo rayo, serán para tu corazón marchito como una quemadura, como una fiebre que querrá unirse a ti para siempre.
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1831.
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Entre tanto, no me preocupo de que él perezca con un pensamiento que entonces amaba.
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