The Works of Edgar Allan Poe — Volume 2

By Edgar Allan Poe

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Bougive, to Machiavelli, and to Campanella."

"And the identification," I said, "of the reasoner's intellect with that
of his opponent, depends, if I understand you aright, upon the accuracy
with which the opponent's intellect is admeasured."

"For its practical value it depends upon this," replied Dupin; "and the
Prefect and his cohort fail so frequently, first, by default of this
identification, and, secondly, by ill-admeasurement, or rather through
non-admeasurement, of the intellect with which they are engaged. They
consider only their own ideas of ingenuity; and, in searching for
anything hidden, advert only to the modes in which they would have
hidden it. They are right in this much--that their own ingenuity is a
faithful representative of that of the mass; but when the cunning of the
individual felon is diverse in character from their own, the felon foils
them, of course. This always happens when it is above their own, and
very usually when it is below. They have no variation of principle in
their investigations; at best, when urged by some unusual emergency--by
some extraordinary reward--they extend or exaggerate their old modes of
practice, without touching their principles. What, for example, in this
case of D--, has been done to vary the principle of action? What is
all this boring, and probing, and sounding, and scrutinizing with the
microscope and dividing the surface of the building into registered
square inches--what is it all but an exaggeration of the application of
the one principle or set of principles of search, which are based upon
the one set of notions regarding human ingenuity, to which the Prefect,
in the long routine of his duty, has been accustomed? Do you not see he
has taken it for granted that all men proceed to conceal a letter,--not
exactly in a gimlet hole bored in a chair-leg--but, at least, in some
out-of-the-way hole or corner suggested by the same tenor of thought
which would urge a man to secrete a letter in a gimlet-hole bored in
a chair-leg? And do you not see also, that such recherches nooks for
concealment are adapted only for ordinary occasions, and would be
adopted only by ordinary intellects; for, in all cases of concealment,
a disposal of the article concealed--a disposal of it in this recherche
manner,--is, in the very first instance, presumable and presumed; and
thus its discovery depends, not at all upon the acumen, but altogether
upon the mere care, patience, and determination of the seekers; and
where the case is of importance--or, what amounts to the same thing in
the policial eyes, when the reward is of magnitude,--the qualities in
question have

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Text Comparison with Poemas

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A ti, cuyas mamas de bronce alimentan un sinnúmero de almas y corazones.
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Aquélla no es la Diana sagrada de las incomparables flechas: es Hécate.
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Reina la vida del hormiguero: un hormiguero de percherones gigantescos, de carros monstruosos, de toda clase de vehículos.
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Frente al balcón, vestido de rosas blancas, por donde en el Paraíso asoma tu faz de generosos y profundos ojos, pasan tus hermanas y te saludan con una sonrisa, en la maravilla de tu virtud, ¡oh, mi ángel consolador; oh, mi esposa! La primera que pasa es Irene, la dama brillante de palidez extraña, venida de allá, de los marea lejanos; la segunda es Eulalia, la dulce Eulalia, de cabellos de oro y ojos de violeta, que dirige al Cielo su mirada; la tercera es Leonora, llamada así por los ángeles, joven y radiosa en el Edén distante; la otra es Francés, la amada que calma las penas con su recuerdo; la otra es Ulalume, cuya sombra yerra en la nebulosa región de Weir, cerca del sombrío lago de Auber; la otra Helen, la que fué vista por la primera vez a la luz de perla de la Luna; la otra Annie, la de los ósculos y las caricias y oraciones por el adorado; la otra Annabel Lee, que amó con un amor envidia de los serafines del Cielo; la otra Isabel, la de los amantes coloquios en la claridad lunar; Ligeia, en fin, meditabunda, envuelta en un velo de extraterrestre esplendor.
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Poe, como un Ariel hecho hombre, diríase que ha pasado su vida bajo el flotante influjo de un extraño misterio.
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--¡Qué ojos tan tremendos tiene el señor Poe!--me dijo una señora.
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Allan--cuyo nombre pasará al porvenir al brillo del nombre del poeta--jamás pudo imaginarse que el pobre muchacho recitador de versos que alegraba las veladas de su _home_, fuese más tarde un egregio príncipe del Arte.
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_ No creía en lo sobrenatural, según confesión propia; pero afirmaba que Dios, como Creador de la Naturaleza, puede, si quiere, modificarla.
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Los ángeles que en el cielo no se sentían ni la mitad de lo felices que éramos nosotros, nos envidiaban nuestra alegría a ella y a mí.
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Y cuando en medio de gemidos que no tengan nada de terrestres, esta ciudad sea engullida por fin y profundamente fijada bajo la mar, todavía, levantándose sobre sus mil tronos, el Infierno le rendirá homenaje.
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¡Ella duerme! ¡Oh! puede que su sueño sea tan profundo como durable!; ¡que el cielo la tenga en su santa guardia! ¡Que esta cámara sea transformada en una más melancólica y yo rogaré a Dios que la deje dormir para siempre, los ojos cerrados, mientras que a su alrededor errarán los fantasmas de oscuros velos! Mi amor: ¡ella duerme! ¡Que su sueño eterno pueda ser profundo! ¡Que los gusanos se deslicen dulcemente a su alrededor! ¡Que en el fondo del bosque viejo y sombrío, alguna gran tumba pueda abrirse para ella, alguna gran tumba que haya cerrado otras veces como alas sus negros «panneaux» triunfantes, por encima de los estandartes funerarios bordados con las armas de su ilustre familia;--alguna tumba lejana y aislada contra la portada de la cual ella haya en su infancia lanzado tantas piedras ociosas;--algún sepulcro cuya puerta sonora no le devuelva jamás nuevos ecos, a ella, pobre hija del pecado, que en otro tiempo se estremecía al pensamiento de que fueran los muertos quienes le respondiesen gimiendo! 1845.
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¡Oh sortilegios más eficaces que aquellos que el rey de Judea enseñó en los jardines de Gethsemaní! ¡Oh encantos más poderosos que los que la Caldea encantada arrancó jamás a las tranquilas estrellas! Aquí, en donde cayó un héroe, cae una columna! Aquí, en donde el águila teatral brillaba, cubierta de oro, el oscuro murciélago hace su aquelarre de media noche.
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Actores creados a la imagen del Altísimo, murmuran en voz baja y saltan de un lado al otro; pobres fantoches que van y vienen a órdenes de vastas creaturas informes que cambian la decoración a su capricho, sacudiendo con sus alas de cóndor a la invisible desgracia.
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La brisa,--esa respiración de Dios,--reposa inmóvil, y la bruma que se extiende como una sombra sobre la colina,--como una sombra cuyo velo no se ha desgarrado todavía,--resulta así un símbolo y un signo.
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De repente todo cambia.
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--Es el viento--y nada más!» La ventana abrí--y con rítmico aleteo y garbo extraño entró un cuervo majestuoso de la sacra edad de antaño.
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Esto y más--sobre cojines reclinado--con anhelo me empeñaba en descifrar, sobre el rojo terciopelo do imprimía viva huella luminoso mi fanal-- terciopelo cuya púrpura ¡ay! jamás volverá ella a oprimir--¡Ah! ¡Nunca más! Pareciome el aire entonces, por incógnito incensario que un querube columpiase de mi alcoba en el santuario, perfumado--«Miserable sér--me dije--Dios te ha oído y por medio angelical, tregua, tregua y el olvido del recuerdo de Leonora te ha venido hoy a brindar: ¡bebe! bebe ese nepente, y así todo olvida ahora.
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nunca jamás! FIN.