The Works of Edgar Allan Poe — Volume 2

By Edgar Allan Poe

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that all was right. The wall did not present
the slightest appearance of having been disturbed. The rubbish on
the floor was picked up with the minutest care. I looked around
triumphantly, and said to myself--"Here at least, then, my labor has not
been in vain."

My next step was to look for the beast which had been the cause of so
much wretchedness; for I had, at length, firmly resolved to put it to
death. Had I been able to meet with it, at the moment, there could have
been no doubt of its fate; but it appeared that the crafty animal had
been alarmed at the violence of my previous anger, and forebore to
present itself in my present mood. It is impossible to describe, or to
imagine, the deep, the blissful sense of relief which the absence of the
detested creature occasioned in my bosom. It did not make its
appearance during the night--and thus for one night at least, since its
introduction into the house, I soundly and tranquilly slept; aye, slept
even with the burden of murder upon my soul!

The second and the third day passed, and still my tormentor came not.
Once again I breathed as a freeman. The monster, in terror, had fled the
premises forever! I should behold it no more! My happiness was supreme!
The guilt of my dark deed disturbed me but little. Some few inquiries
had been made, but these had been readily answered. Even a search had
been instituted--but of course nothing was to be discovered. I looked
upon my future felicity as secured.

Upon the fourth day of the assassination, a party of the police came,
very unexpectedly, into the house, and proceeded again to make rigorous
investigation of the premises. Secure, however, in the inscrutability of
my place of concealment, I felt no embarrassment whatever. The officers
bade me accompany them in their search. They left no nook or corner
unexplored. At length, for the third or fourth time, they descended into
the cellar. I quivered not in a muscle. My heart beat calmly as that of
one who slumbers in innocence. I walked the cellar from end to end. I
folded my arms upon my bosom, and roamed easily to and fro. The police
were thoroughly satisfied and prepared to depart. The glee at my heart
was too strong to be restrained. I burned to say if but one word, by
way of triumph, and to render doubly sure their assurance of my
guiltlessness.

"Gentlemen," I said at last, as the party ascended the steps, "I delight
to have allayed your

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Text Comparison with Cuentos Clásicos del Norte, Primera Serie

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La doctrina de estos autores acerca de la confianza en sí mismo, de la necesidad de vivir en el presente sin respeto servil por el pasado, ha tenido inmensa boga en los Estados Unidos, y se ha reforzado con la poderosa influencia de Walt Whitman; pero Háwthorne hizo proyectar esta doctrina sobre esbozos fantásticos como _El experimento del doctor Héidegger o Féathertop_, y sobre novelas más largas, como si hiciera un análisis de laboratorio respecto de su verdad.
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Con estos materiales y con ayuda de mi llana, comencé a tapiar vigorosamente la entrada del nicho.
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durante el verano por los fugitivos del polvo y las fiebres de Chárleston, puede encontrarse en verdad la palmera de abanico; pero toda la isla, con excepción de la parte occidental y de una faja blanca y endurecida a la ribera del mar, está cubierta de una densa maleza del mirto blanco tan apreciado por los horticultores de Inglaterra.
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Pero ¿por qué anda poahí con la cabeza enterrá entre sus hombros y blanco como una visión?.
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El escarabajo oscilaba libremente fuera de las ramas y, de soltarlo, habría caído a nuestros pies.
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Fuera de estas manifestaciones de decadencia general, el edificio daba pocas muestras de inestabilidad.
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Y en aquellos momentos su belleza aparecía (quizá únicamente en mi exaltada fantasía), como la hermosura de seres ultraterrenales, como la hermosura fabulosa de las huríes de los turcos.
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Sobre las temblorosas formas de la escena, con rapidez igual que una borrasca, cae el telón: un paño funerario.
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Pero, al detenerme debajo de la luz del incensario, dos circunstancias de naturaleza sorprendente atrajeron mi atención.
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Las manchas escarlata en el cuerpo, y especialmente en el rostro de las víctimas, eran el entredicho fatal que las arrojaba lejos de la asistencia y simpatía de sus semejantes.
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Y la vida del reloj de ébano terminó con la del último de la alegre partida.
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en Chantilly,--concluyó.
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de las tres de la mañana, y encontró a la puerta veinte o treinta personas que trataban de entrar.
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¿Cómo podían saber que los objetos encontrados en los cajones no eran todos los que allí se hallaban de ordinario? Madame L'Espanaye y su hija llevaban una vida muy retirada, no recibían visitas, salían rara vez, tenían en suma poca oportunidad para muchos cambios de atavío.
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Recordé que había ahorcado al gato en un jardín contiguo a la casa.
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En tanto que el viejo hablaba, advertía yo un fuerte ruido que iba en aumento, semejante al estruendo de un enorme rebaño de búfalos en alguna pradera americana; notando al mismo tiempo que el movimiento que los marinos denominan el _escarceo_ del océano, convertíase rápidamente a nuestra vista en una corriente que se dirigía al este.
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" Me coloqué como deseaba, y el guía comenzó: "Poseía yo, en compañía de mis dos hermanos, una embarcación pequeña, aparejada en goleta, con capacidad de setenta toneladas más o menos, en la cual teníamos la costumbre de ir a pescar entre los islotes que quedan más allá de Móskoe, cerca de Vurrgh.
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Mi hermano mayor tenía un hijo de dieciocho años, y por mi parte, tenía yo dos robustos mozos hijos míos.
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Jamás hubiera creído que una ola pudiera levantarse a tal altura.
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El barco no parecía absolutamente hundirse en las aguas, sino deslizarse sobre la superficie del oleaje como una burbuja de aire.