The Works of Edgar Allan Poe — Volume 2

By Edgar Allan Poe

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memory of my former crime, but chiefly--let me confess it at
once--by absolute dread of the beast.

This dread was not exactly a dread of physical evil--and yet I should be
at a loss how otherwise to define it. I am almost ashamed to own--yes,
even in this felon's cell, I am almost ashamed to own--that the terror
and horror with which the animal inspired me, had been heightened by one
of the merest chimaeras it would be possible to conceive. My wife had
called my attention, more than once, to the character of the mark of
white hair, of which I have spoken, and which constituted the sole
visible difference between the strange beast and the one I had
destroyed. The reader will remember that this mark, although large, had
been originally very indefinite; but, by slow degrees--degrees nearly
imperceptible, and which for a long time my Reason struggled to reject
as fanciful--it had, at length, assumed a rigorous distinctness of
outline. It was now the representation of an object that I shudder to
name--and for this, above all, I loathed, and dreaded, and would have
rid myself of the monster _had I dared_--it was now, I say, the image
of a hideous--of a ghastly thing--of the GALLOWS!--oh, mournful and
terrible engine of Horror and of Crime--of Agony and of Death!

And now was I indeed wretched beyond the wretchedness of mere Humanity.
And _a brute beast _--whose fellow I had contemptuously destroyed--_a
brute beast_ to work out for _me_--for me a man, fashioned in the image
of the High God--so much of insufferable wo! Alas! neither by day nor
by night knew I the blessing of Rest any more! During the former the
creature left me no moment alone; and, in the latter, I started, hourly,
from dreams of unutterable fear, to find the hot breath of _the thing_
upon my face, and its vast weight--an incarnate Night-Mare that I had no
power to shake off--incumbent eternally upon my _heart!_

Beneath the pressure of torments such as these, the feeble remnant
of the good within me succumbed. Evil thoughts became my sole
intimates--the darkest and most evil of thoughts. The moodiness of
my usual temper increased to hatred of all things and of all mankind;
while, from the sudden, frequent, and ungovernable outbursts of a fury
to which I now blindly abandoned myself, my uncomplaining wife, alas!
was the most usual and the most patient of sufferers.

One day she accompanied me, upon some household errand, into the cellar
of the old building which our poverty compelled us to inhabit. The cat
followed me down

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Text Comparison with Poemas

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Luego, levantando sobre su cabeza la antorcha simbólica, queda a un lado la gigantesca Madona de la Libertad, que tiene por peana un islote.
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estrellas sobre el mundo, a la manera del _fiat_ del Señor.
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Abarcando con la vista la inmensa arteria en su hervor continuo, llega a sentirse la angustia de ciertas pesadillas.
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» Desde niño, Poe «prometía una gran belleza.
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Por una parte, posee en su fuerte cerebro la facultad musical; por otra, la fuerza matemática.
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Tristemente, sé que estoy desposeído de mi fuerza, y no muevo un músculo mientras estoy tendido, todo a lo largo.
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Entretanto, si la esperanza se ha ido, en una noche o en un día, en una visión o en un sueño, ¿se ha ido menos por eso? Todo lo que vemos o nos parece, no es sino un ensueño en un ensueño! Me encuentro en medio de los bramidos de una costa atormentada por la resaca, y tengo en la mano granos de arena de oro.
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Las torres y las sombras se confunden de tal modo que todo parece suspendido en el aire, mientras que desde una torre orgullosa, la Muerte como un espectro gigante, contempla la ciudad que yace a sus pies.
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¡Inmensidad, y edad, y recuerdos de antes! Silencio y desolación y profunda noche! Os percibo ahora y os siento en toda vuestra fuerza.
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Y los ángeles, todos pálidos y macilentos se levantan y cubriéndose afirman que ese drama es una tragedia que se llama «El Hombre» de la cual el héroe es el Gusano Vencedor.
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CANCIÓN Te vi en tu día nupcial, cuando un intenso pudor invadía tu frente, aunque todo fuera alegría alrededor de ti y que, delante tuyo, no fuera el mundo sino Amor.
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Yo contemplaba su triste sonrisa, demasiado fría, demasiado fría para mí.
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Llegamos hasta el fin; ¡ojalá nunca llegara! Al fin de la avenida lúgubre nos detuvo la puerta de.
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¡He paseado en pos de los que huyeron fuera del Tiempo y fuera del Espacio! EL CUERVO TRADUCIDO POR J.
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Resonar sólo un nombre se escuchaba que en voz baja a aquella hora yo me puse a murmurar, y que el eco repetía como un soplo: ¡Leonora!.
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Dime:--«¿Cuál tu nombre, cuál en el reino plutoniano de la noche y de la niebla?.
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Dijo el cuervo: «¡Nunca más!» «Eh, profeta--dije--o duende, mas profeta al fin, ya seas ave o diablo--ya te envíe la tormenta, ya te veas por los ábregos barrido a esta playa, desolado pero intrépido a este hogar por los males devastado, .