The Works of Edgar Allan Poe — Volume 2

By Edgar Allan Poe

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upon my mind what I cannot better describe than as the
unformed half of that idea of deliverance to which I have previously
alluded, and of which a moiety only floated indeterminately through my
brain when I raised food to my burning lips. The whole thought was now
present--feeble, scarcely sane, scarcely definite,--but still entire.
I proceeded at once, with the nervous energy of despair, to attempt its
execution.

For many hours the immediate vicinity of the low framework upon which
I lay, had been literally swarming with rats. They were wild, bold,
ravenous; their red eyes glaring upon me as if they waited but for
motionlessness on my part to make me their prey. "To what food," I
thought, "have they been accustomed in the well?"

They had devoured, in spite of all my efforts to prevent them, all but a
small remnant of the contents of the dish. I had fallen into an habitual
see-saw, or wave of the hand about the platter: and, at length, the
unconscious uniformity of the movement deprived it of effect. In their
voracity the vermin frequently fastened their sharp fangs in my fingers.
With the particles of the oily and spicy viand which now remained, I
thoroughly rubbed the bandage wherever I could reach it; then, raising
my hand from the floor, I lay breathlessly still.

At first the ravenous animals were startled and terrified at the
change--at the cessation of movement. They shrank alarmedly back; many
sought the well. But this was only for a moment. I had not counted in
vain upon their voracity. Observing that I remained without motion,
one or two of the boldest leaped upon the frame-work, and smelt at the
surcingle. This seemed the signal for a general rush. Forth from the
well they hurried in fresh troops. They clung to the wood--they overran
it, and leaped in hundreds upon my person. The measured movement of the
pendulum disturbed them not at all. Avoiding its strokes they busied
themselves with the anointed bandage. They pressed--they swarmed upon me
in ever accumulating heaps. They writhed upon my throat; their cold lips
sought my own; I was half stifled by their thronging pressure; disgust,
for which the world has no name, swelled my bosom, and chilled, with a
heavy clamminess, my heart. Yet one minute, and I felt that the struggle
would be over. Plainly I perceived the loosening of the bandage. I knew
that in more than one place it must be already severed. With a more than
human resolution I lay still.

Nor had I erred in my calculations--nor had I endured in

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Text Comparison with Poemas

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El viento frío, los pitos arromadizados, el humo de las chimeneas, el movimiento de las máquinas, las mismas ondas ventrudas de aquel mar estañado, el vapor que caminaba rumbo a la gran bahía, todo decía: _all right_.
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Allí están entre todas, brillantes sobre las listas de la bandera, las que iluminan el vuelo del águila de América, de esta tu América formidable, de ojos azules.
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Tú como ellas eres llama del infinito amor.
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Nacido en un país de vida práctica y material, la influencia del medio obra en él al contrario.
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De todos los retratos que he visto suyos, ninguno da idea de aquella especial hermosura que en descripciones han dejado muchas de las personas que le conocieron.
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Por eso buscaba la comunicación con la Naturaleza, tan sana y fortalecedora.
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He ahí porque (como cada uno lo sabe en ese reino más allá de la mar) un soplo descendió desde la noche de una nube, helando a mi Annabel Lee.
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Tiernamente me abraza, apasionadamente me.
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seguro? ¡Dios mío!, ¿no podré salvar uno solo del cruel vacío? ¿Todo lo que vemos o nos parece no es otra cosa que un ensueño en un ensueño? 1849.
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BALADA NUPCIAL El anillo está en mi dedo y la corona sobre mi frente; he aquí que poseo rasos y joyas en abundancia, y en el presente instante soy feliz.
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No es todo,--me responden los ecos,--no es todo.
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el mundo no fuera sino amor ante ti! 1827.
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EL DÍA MÁS FELIZ El día más feliz, la hora más dichosa, los ha conocido mi corazón agotado y marchito; pero siento que ha desaparecido ya mi más alta esperanza de orgullo y de poderío.
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¡Oh, noche infausta, infausta cual ninguna! ¡Oh! ¿Qué infernal espíritu me trajo a esta región fatal de la tristura? Bien reconozco el mudo lago de Auber, y esta comarca que el horror anubla, y el bosque fantasmático de Weir, la región espectral de la pavura! ESTRELLAS FIJAS (TO HELEN) I Te vi un punto; era una noche de julio, noche tibia y perfumada, noche diáfana, de la Luna plena y límpida, límpida como tu alma, descendían sobre el parque adormecido gráciles velos de plata; ni una ráfaga el infinito silencio y la quietud perturbaban; en el parque evaporaban las rosas los perfumes de sus almas, para que los recogieras en aquella noche mágica; para que tú lo aspiraras su último aliento exhalaban, como en una muerte extática; y era una selva encantada, y era una noche de ensueños y claridades fantásticas! II ¡Toda de blanco vestida, toda blanca sobre un banco de violetas reclinada te veía, y a las rosas moribundas y a ti una luz tenue y diáfana alumbraba luz de perla diluida en un éter de suspiros y de evaporadas lágrimas! III ¿Qué hado extraño (¿fué ventura, fué desgracia?) me condujo aquella noche hasta el parque de las rosas que exhalaban los suspiros perfumados de su alma? Ni una hoja susurraba; no se oía una pisada, todo mudo, todo en calma, todo en sueño menos _tú_ y _yo_ (¡cuál me agito al unir las dos palabras!) menos tú y yo.
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II Valles sin lindes, mares sin riberas, cavernas, bosques densos y titánicos, montañas que a los cielos desafían y hunden la base en insondables lagos, en lagos insondables siempre mudos de misteriosos bordes escarpados, gélidos lagos, cuyas muertas aguas un Cielo copian tétrico y extraño.
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esto apenas, ¡nada más! A mi alcoba retornando con el alma en turbulencia pronto oí llamar de nuevo--esta vez con más violencia, «De seguro--dije--es algo que se posa en mi persiana; pues, veamos de encontrar la razón abierta.
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