The Works of Edgar Allan Poe — Volume 2

By Edgar Allan Poe

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brain. Of the remains of the fatal
taper I had myself carefully disposed. I had left no shadow of a clew
by which it would be possible to convict, or even to suspect me of the
crime. It is inconceivable how rich a sentiment of satisfaction arose
in my bosom as I reflected upon my absolute security. For a very long
period of time I was accustomed to revel in this sentiment. It afforded
me more real delight than all the mere worldly advantages accruing from
my sin. But there arrived at length an epoch, from which the pleasurable
feeling grew, by scarcely perceptible gradations, into a haunting and
harassing thought. It harassed because it haunted. I could scarcely get
rid of it for an instant. It is quite a common thing to be thus annoyed
with the ringing in our ears, or rather in our memories, of the burthen
of some ordinary song, or some unimpressive snatches from an opera.
Nor will we be the less tormented if the song in itself be good, or
the opera air meritorious. In this manner, at last, I would perpetually
catch myself pondering upon my security, and repeating, in a low
undertone, the phrase, "I am safe."

One day, whilst sauntering along the streets, I arrested myself in the
act of murmuring, half aloud, these customary syllables. In a fit of
petulance, I remodelled them thus; "I am safe--I am safe--yes--if I be
not fool enough to make open confession!"

No sooner had I spoken these words, than I felt an icy chill creep to
my heart. I had had some experience in these fits of perversity, (whose
nature I have been at some trouble to explain), and I remembered well
that in no instance I had successfully resisted their attacks. And now
my own casual self-suggestion that I might possibly be fool enough to
confess the murder of which I had been guilty, confronted me, as if the
very ghost of him whom I had murdered--and beckoned me on to death.

At first, I made an effort to shake off this nightmare of the soul.
I walked vigorously--faster--still faster--at length I ran. I felt
a maddening desire to shriek aloud. Every succeeding wave of thought
overwhelmed me with new terror, for, alas! I well, too well understood
that to think, in my situation, was to be lost. I still quickened my
pace. I bounded like a madman through the crowded thoroughfares. At
length, the populace took the alarm, and pursued me. I felt then the
consummation of my fate. Could I have torn out my tongue,

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Text Comparison with Cuentos Clásicos del Norte, Primera Serie

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BIBLIOTECA INTERAMERICANA II Cuentos Clásicos del Norte _Primera Serie_ Por Édgar Allan Poe [Illustration: PRO .
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Este problema es tal vez peculiar de una nación que--no deseamos suponer que con excesiva generosidad--ha dado acogida cordial dentro de sus fronteras a todos los ideales, sin considerar su procedencia.
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De uno de ellos pendía una cadena corta y del otro un candado.
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No me instó para que permaneciera en su compañía, pero estrechó mi mano al partir con mayor cordialidad aún que de ordinario.
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Creo, en verdad, que únicamente mi aspecto de enfermo me salvó de la azotaina.
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Después de algunas preguntas acerca de su salud preguntéle, no sabiendo cosa mejor que decir, si no había recuperado aún su escarabajo del teniente G.
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Habíamos llegado a la parte bien conocida de esta historia en que Éthelred, el héroe del _Trist_, habiendo intentado en vano penetrar pacíficamente en la morada del ermitaño, se resuelve a lograrlo a viva fuerza.
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Su cabeza había caído sobre el pecho; pero yo sabía que no estaba dormido, pues en una ojeada furtiva a su perfil descubrí uno de sus ojos rígidamente abierto.
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¡Con qué inmenso triunfo, con qué vívido deleite, con cuánto de todo aquello que es etéreo en la esperanza, sentía, al inclinarse ella sobre mí en los estudios, sin buscarla ni comprenderla, aquella deliciosa mirada dilatándose por grados ante mis ojos; y a través de cuyo largo, radiante y virgen sendero podría al fin alcanzar la meta de una sabiduría demasiado adorablemente preciosa para no estar vedada a los mortales! ¡Imaginad ahora cuán agudo sería el pesar con que contemplé años más tarde cómo brotaron alas a mis justas esperanzas, y volaron con ella a la inmensidad! Sin Ligeia, yo era como un niño extraviado tentando en la obscuridad.
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Permitidme solamente hablar de la cámara por siempre maldita a la que, en un momento de alienación mental, llevé desde el altar como mi esposa, como la sucesora de la inolvidable Ligeia, a la rubia, de ojos azules, Lady Rowena Trevanion, de Tremaine.
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En la parte superior de esta enorme ventana extendía su tejido una antigua vid que colgaba de los macizos muros del torreón.
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¿Y la barba, con sus hoyuelos, como en plena salud, ¿podía no ser suya? Pero entonces, _¿habíase vuelto más alta después de su enfermedad?_ ¡Qué locura tan imposible de expresar se apoderaba de mí con estos pensamientos! ¡Un salto, y me arrojé a sus pies! Estremeciéndose a mi contacto, dejó caer de su cabeza el vendaje funerario que la envolvía, y se deslizaron en la iluminada atmósfera de la cámara, pesadas masas de cabello largo y desordenado.
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En esta pieza había también un gigantesco reloj de ébano que se erguía apoyado contra el muro occidental.
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Y quizá por esto aconteció también que, antes de que el eco de la duodécima campanada hubiérase hundido en el silencio,.
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Los huesos de la pierna y el brazo derecho estaban cual más cual menos destrozados.
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Pasamos en seguida a las otras piezas y al patio, acompañados de un gendarme por todas partes.
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¿Qué debemos buscar ante todo allí? El medio de salida empleado por los asesinos.
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A veces el viento no era tan fuerte al partir como lo habíamos calculado, y entonces avanzábamos menos de lo que habríamos deseado, mientras la corriente hacía ingobernable la embarcación.
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No pude menos de observar que, a pesar de todo, apenas tenía mayor dificultad para mantenerme en pie y caminar en esta posición que si hubiéramos estado en un plano horizontal; lo que era debido, supongo, a la velocidad de nuestras revoluciones.
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Desaparecieron poco a poco la espuma y el arco iris; y el fondo del abismo pareció elevarse lentamente.