The Works of Edgar Allan Poe — Volume 1

By Edgar Allan Poe

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edges to the fabric--if, for
example, it be a pocket-handkerchief, and it is desired to tear from it
a slip, then, and then only, will the one force serve the purpose. But
in the present case the question is of a dress, presenting but one edge.
To tear a piece from the interior, where no edge is presented, could
only be effected by a miracle through the agency of thorns, and no one
thorn could accomplish it. But, even where an edge is presented, two
thorns will be necessary, operating, the one in two distinct directions,
and the other in one. And this in the supposition that the edge is
unhemmed. If hemmed, the matter is nearly out of the question. We thus
see the numerous and great obstacles in the way of pieces being 'torn
off' through the simple agency of 'thorns;' yet we are required to
believe not only that one piece but that many have been so torn. 'And
one part,' too, 'was the hem of the frock!' Another piece was 'part
of the skirt, not the hem,'--that is to say, was torn completely out
through the agency of thorns, from the uncaged interior of the
dress! These, I say, are things which one may well be pardoned for
disbelieving; yet, taken collectedly, they form, perhaps, less of
reasonable ground for suspicion, than the one startling circumstance of
the articles' having been left in this thicket at all, by any murderers
who had enough precaution to think of removing the corpse. You will not
have apprehended me rightly, however, if you suppose it my design to
deny this thicket as the scene of the outrage. There might have been a
wrong here, or, more possibly, an accident at Madame Deluc's. But, in
fact, this is a point of minor importance. We are not engaged in an
attempt to discover the scene, but to produce the perpetrators of the
murder. What I have adduced, notwithstanding the minuteness with which I
have adduced it, has been with the view, first, to show the folly of the
positive and headlong assertions of Le Soleil, but secondly and chiefly,
to bring you, by the most natural route, to a further contemplation of
the doubt whether this assassination has, or has not been, the work of a
gang.

"We will resume this question by mere allusion to the revolting details
of the surgeon examined at the inquest. It is only necessary to say that
his published inferences, in regard to the number of ruffians, have been
properly ridiculed as unjust and totally baseless, by all the reputable
anatomists

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Text Comparison with Poemas

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Iba el _steamer_ despacio, y la sirena aullaba roncamente por temor de un choque.
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Allí están entre todas, brillantes sobre las listas de la bandera, las que iluminan el vuelo del águila de América, de esta tu América formidable, de ojos azules.
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de Poe, cuyo nombre de Edgar, harmonioso y legendario, encierra tan vaga y triste poesía, y he visto desfilar la procesión de sus castas enamoradas a través del polvo de plata de un místico ensueño? Es porque tu eres hermana de las liliales vírgenes, cantadas en brumosa lengua inglesa por el soñador infeliz, príncipe de los poetas malditos.
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para que su nombre y su obra no sean a la continua recordados.
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Más tarde dirá de él una buena señora: «Era un muchacho bonito.
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Desde muy temprano conoció las asechanzas del lobo racional.
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Vankirk--que, como casi todos los personajes de Poe, es Poe mismo--afirma la existencia de un Dios material, al cual llama materia suprema e imparticulada.
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Pero, ¿qué importa? Siento que voy mejor paulatinamente.
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Una onda, un movimiento se ha producido, allá abajo.
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Y los ángeles, todos pálidos y macilentos se levantan y cubriéndose afirman que ese drama es una tragedia que se llama «El Hombre» de la cual el héroe es el Gusano Vencedor.
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Hacia la duodécima hora del cuadrante nocturno una luna más nebulosa que las otras,--de una.
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Y ahora me será más.
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--Din dan, din don--, --din dan, din don--, dobla, dobla el són monótono, dobla el toque funeral, y el Rey espectro su gozo refina en este sollozo, en este intenso suspiro que en su giro remeda el doble augural que va recordando al hombre de.
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--¡Din dan, din don--, resuena en el corazón, --din dan, din don--, de la campana que dobla el lento y lúgubre són! ULALUME I Los cielos cenicientos y sombríos, crespas las hojas, lívidas y mustias, y era una noche del doliente octubre del tiempo inmemorial entre las brumas, era en las tristes márgenes del Auber, el lago tenebroso de aguas mudas, ante los bosques tétricos del Weir, la región espectral de la pavura.
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¡Oh, noche infausta, infausta cual ninguna! ¡Oh! ¿Qué infernal espíritu me trajo a esta región fatal de la tristura? Bien reconozco el mudo lago de Auber, y esta comarca que el horror anubla, y el bosque fantasmático de Weir, la región espectral de la pavura! ESTRELLAS FIJAS (TO HELEN) I Te vi un punto; era una noche de julio, noche tibia y perfumada, noche diáfana, de la Luna plena y límpida, límpida como tu alma, descendían sobre el parque adormecido gráciles velos de plata; ni una ráfaga el infinito silencio y la quietud perturbaban; en el parque evaporaban las rosas los perfumes de sus almas, para que los recogieras en aquella noche mágica; para que tú lo aspiraras su último aliento exhalaban, como en una muerte extática; y era una selva encantada, y era una noche de ensueños y claridades fantásticas! II ¡Toda de blanco vestida, toda blanca sobre un banco de violetas reclinada te veía, y a las rosas moribundas y a ti una luz tenue y diáfana alumbraba luz de perla diluida en un éter de suspiros y de evaporadas lágrimas! III ¿Qué hado extraño (¿fué ventura, fué desgracia?) me condujo aquella noche hasta el parque de las rosas que exhalaban los suspiros perfumados de su alma? Ni una hoja susurraba; no se oía una pisada, todo mudo, todo en calma, todo en sueño menos _tú_ y _yo_ (¡cuál me agito al unir las dos palabras!) menos tú y yo.
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¡son aquellos amigos que por siempre nos dejaron, caros amigos para siempre idos, fuera del Tiempo y fuera del Espacio! IV Para el alma nutrida de pesares, para el transido corazón, acaso es el asilo de la paz suprema, del reposo y la calma en Eldorado.
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la muerte, hasta el punto de, en su duelo, sus canciones terminar, y el clamor de la esperanza con el triste ritornelo de jamás, ¡y nunca más!» Mas el cuervo, provocando mi alma triste a la sonrisa mi sillón rodé hasta el frente al ave, al busto, a la cornisa; luego, hundiéndome en la seda, fantasía y fantasía dime entonces a juntar, por saber qué pretendía aquel pájaro ominoso de un pasado inmemorial, aquel hosco, torvo, infausto, cuervo lúgubre y odioso al graznar: «¡Nunca jamás!» Quedé aquesto, investigando frente al cuervo en honda calma, cuyos ojos encendidos me abrasaban pecho y alma.
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