The Works of Edgar Allan Poe — Volume 1

By Edgar Allan Poe

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three or four large stones, forming a kind of seat with a back and
footstool. On the upper stone was discovered a white petticoat; on the
second, a silk scarf. A parasol, gloves, and a pocket-handkerchief,
were also here found. The handkerchief bore the name, 'Marie Rogêt.'
Fragments of dress were seen on the branches around. The earth was
trampled, the bushes were broken, and there was every evidence of a
violent struggle.

"Notwithstanding the acclamation with which the discovery of this
thicket was received by the press, and the unanimity with which it
was supposed to indicate the precise scene of the outrage, it must be
admitted that there was some very good reason for doubt. That it was the
scene, I may or I may not believe--but there was excellent reason for
doubt. Had the true scene been, as Le Commerciel suggested, in the
neighborhood of the Rue Pavée St. Andrée, the perpetrators of the
crime, supposing them still resident in Paris, would naturally have been
stricken with terror at the public attention thus acutely directed into
the proper channel; and, in certain classes of minds, there would have
arisen, at once, a sense of the necessity of some exertion to redivert
this attention. And thus, the thicket of the Barrière du Roule having
been already suspected, the idea of placing the articles where they were
found, might have been naturally entertained. There is no real evidence,
although Le Soleil so supposes, that the articles discovered had
been more than a very few days in the thicket; while there is much
circumstantial proof that they could not have remained there, without
attracting attention, during the twenty days elapsing between the fatal
Sunday and the afternoon upon which they were found by the boys. 'They
were all _mildewed_ down hard,' says Le Soleil, adopting the opinions of
its predecessors, 'with the action of the rain, and stuck together from
_mildew_. The grass had grown around and over some of them. The silk of
the parasol was strong, but the threads of it were run together within.
The upper part, where it had been doubled and folded, was all _mildewed_
and rotten, and tore on being opened.' In respect to the grass having
'grown around and over some of them,' it is obvious that the fact
could only have been ascertained from the words, and thus from the
recollections, of two small boys; for these boys removed the articles
and took them home before they had been seen by a third party. But grass
will grow, especially in warm and damp weather, (such as was that

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Text Comparison with Cuentos Clásicos del Norte, Primera Serie

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Este punto se ilustrará mejor por la comparación.
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Wílliam Legrand.
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.
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.
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Yo estaba horriblemente fatigado, pero, aun sin comprender bien lo que provocaba tal cambio en mis ideas, no sentía ya gran aversión por la tarea que se me imponía.
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No había una sola partícula de plata.
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Me estremezco al pensamiento de cualquier incidente, siquiera el más trivial, que se desarrolle para mí en medio de esta intolerable agitación de espíritu.
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Puedo recordar fácilmente las palabras de una de aquellas rapsodias.
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Nuestros libros, los mismos que durante largos años habían constituído gran parte de la existencia mental del enfermo, guardaban como puede suponerse, estrecha analogía con este personaje de leyenda.
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Son sólo títeres movidos por seres poderosos e informes que cambian a su antojo el escenario y hacen brotar al golpe de sus alas de cóndor ¡Invisible Dolor! * * * * * ¡Oh, el drama abigarrado! ¡Estad seguros de que no lo olvidaréis! .
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Y entonces ardía mi espíritu plena y libremente con fuego mayor aún que el que a ella la consumía.
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Acababa de despertar de un sueño agitado, durante el cual estuve espiando, con sentimiento mezcla de ansiedad y de temor, los efectos que se retrataban en su adelgazado semblante.
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Extravagantes visiones, engendradas por el opio, revoloteaban como sombras a mi alrededor.
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En verdad, la libertad de esta mascarada nocturna parecía extraordinaria; pero el personaje en cuestión mostrábase más herodiano que el propio Herodes; y había traspasado los límites, casi indefinidos, del decoro del príncipe.
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Iba y venía por la casa como de costumbre; mas, como era de esperarse, huía aterrorizado a mi aproximación.
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No puse en duda el que fácilmente se podría remover los ladrillos en aquel sitio, colocar allí el cuerpo y disponer el muro en su forma primitiva de manera que nadie pudiera percibir nada sospechoso.
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La policía se mostró enteramente satisfecha y se preparaba ya a partir.
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¿Imagináis que apenas puedo mirar desde este pequeño acantilado sin sentirme desvanecido?" El "pequeño acantilado" de que hablaba, y sobre cuyo ápice habíase tendido negligentemente a descansar de manera que la parte más pesada de su cuerpo colgaba fuera, protegiéndose únicamente contra la caída con uno de sus codos que apoyaba en su escurridizo borde; este "pequeño acantilado" era un peñasco que se elevaba sobre un escarpado precipicio de rocas negras y pulidas, a mil quinientos o mil seiscientos pies sobre el mundo de escollos que se divisaba abajo.
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El barco no parecía absolutamente hundirse en las aguas, sino deslizarse sobre la superficie del oleaje como una burbuja de aire.
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Al fin, después de varios cálculos de esta naturaleza y de advertir que me engañaba en todos ellos, este hecho, el hecho repetido de mi invariable error, me inspiró una serie de ideas que hicieron nuevamente temblar mis miembros y batir con pesadez mi corazón.