The Works of Edgar Allan Poe — Volume 1

By Edgar Allan Poe

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played, he is in full possession of the
contents of each hand, and thenceforward puts down his cards with as
absolute a precision of purpose as if the rest of the party had turned
outward the faces of their own.

The analytical power should not be confounded with ample ingenuity; for
while the analyst is necessarily ingenious, the ingenious man is often
remarkably incapable of analysis. The constructive or combining power,
by which ingenuity is usually manifested, and to which the phrenologists
(I believe erroneously) have assigned a separate organ, supposing it a
primitive faculty, has been so frequently seen in those whose intellect
bordered otherwise upon idiocy, as to have attracted general observation
among writers on morals. Between ingenuity and the analytic ability
there exists a difference far greater, indeed, than that between the
fancy and the imagination, but of a character very strictly analogous.
It will be found, in fact, that the ingenious are always fanciful, and
the _truly_ imaginative never otherwise than analytic.

The narrative which follows will appear to the reader somewhat in the
light of a commentary upon the propositions just advanced.

Residing in Paris during the spring and part of the summer of 18--, I
there became acquainted with a Monsieur C. Auguste Dupin. This young
gentleman was of an excellent--indeed of an illustrious family, but, by
a variety of untoward events, had been reduced to such poverty that the
energy of his character succumbed beneath it, and he ceased to bestir
himself in the world, or to care for the retrieval of his fortunes.
By courtesy of his creditors, there still remained in his possession a
small remnant of his patrimony; and, upon the income arising from this,
he managed, by means of a rigorous economy, to procure the necessaries
of life, without troubling himself about its superfluities. Books,
indeed, were his sole luxuries, and in Paris these are easily obtained.

Our first meeting was at an obscure library in the Rue Montmartre, where
the accident of our both being in search of the same very rare and very
remarkable volume, brought us into closer communion. We saw each other
again and again. I was deeply interested in the little family history
which he detailed to me with all that candor which a Frenchman indulges
whenever mere self is his theme. I was astonished, too, at the vast
extent of his reading; and, above all, I felt my soul enkindled within
me by the wild fervor, and the vivid freshness of his imagination.
Seeking in Paris the objects I then sought, I felt that the society of
such a man would

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Text Comparison with Cuentos Clásicos del Norte, Primera Serie

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No obstante, su padre adoptivo Allan hizo que le dieran de baja y que fuera admitido como cadete en West Point.
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Íchabod Crane es la caricatura del maestro de escuela ambulante; como David Gánent en la novela de Cóoper, _El último de los mohicanos_, es un neoyorquino bajo el disfraz del fértil buhonero de Connécticut que cuando el negocio va mal está listo para enseñar en la escuela o para dirigir el coro de la iglesia de la aldea.
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Su reputación en los Estados Unidos ha quedado por consiguiente establecida no por virtud de su arte de estilista sino en razón de poseer cierta habilidad especial para producir efectos de encanto sobrenatural.
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¡ugh! ¡ugh! ¡ugh!-- Mi pobre amigo se encontró incapaz de contestar durante largos minutos.
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Pero antes quiero haceros todas las pequeñas atenciones que estén a mi alcance.
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Peregrinos transeuntes de aquel feliz valle, a través de ventanas translúcidas, veían sombras de espíritus agitándose armónicamente y a compás de templado laúd, al rededor de un magnífico trono donde brillaba el monarca, nacido en la púrpura y digno de tal esplendor.
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LIGEIA La voluntad está allí yacente, mas no muerta.
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Contemplaba la dulce boca.
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No pude dejar de apercibirme, sin embargo, de que mi mujer temía los fieros impulsos de mi carácter, que me amaba poco, y trataba de esquivarme; pero esto me produjo más bien placer que cualquier otro sentimiento.
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Mas ¿por qué detallar minuciosamente los horrores indecibles de aquella noche? ¿Por qué detenerme a relatar cómo, una y otra vez, casi hasta el amanecer, repitióse este horrendo drama de la vuelta a la vida; cómo cada terrorífica recidiva era aparentemente seguida por una muerte más inflexible e irremediable; cómo cada agonía llevaba, al parecer, el sello de una lucha con algún enemigo invisible; y cómo cada lucha era seguida de un extraño cambio en la apariencia personal del cadáver! Dejadme llegar a la conclusión.
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La del extremo oeste, por ejemplo, estaba entapizada de azul; y de azul vívido eran los cristales de las ventanas.
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Pero en la acerba diatriba que apareció en el Musée de ayer contra Chantilly, hacía el crítico algunas alusiones bochornosas sobre el cambio de nombre del zapatero remendón al calzarse el coturno, y citaba una línea latina que hemos comentado juntos a menudo y que dice: _Predidit antiquum litera prima sonum.
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--La policía de París, tan renombrada por su perspicacia, es astuta, pero nada más.
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¿Observasteis en ello algo de peculiar?-- Insinué que, en tanto que todos los testigos estaban acordes en calificar la voz gruesa como perteneciente a un francés, había gran diferencia de opiniones acerca de la voz chillona o desapacible, como la definió uno de los testigos.
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El resto continuaba en el agujero, donde se había roto.
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De otro lado, todos los principios de honor os obligan a confesar lo que sabéis.
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Al mirar, casi perdió su punto de apoyo a impulsos de su excesivo horror.
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Las víctimas estaban sentadas de espaldas a la ventana; y por el tiempo transcurrido entre el acceso de la fiera y los alaridos, se comprende que no notaron su presencia en el primer momento.
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Con mi odio por el gato parecía aumentar, sin embargo, su predilección por mí.
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En verdad, esto representaba para nosotros una especulación desesperada, en que el riesgo de la vida era la labor y el ánimo respondía como capital.