The Narrative of Arthur Gordon Pym of Nantucket Comprising the details of a mutiny and atrocious butchery on board the American brig Grampus, on her way to the South Seas, in the month of June, 1827.

By Edgar Allan Poe

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of us could endure to think of; yet, how to act
otherwise was the question. He now seemed to be perfectly quiet, and we
could not even distinguish the sound of his breathing upon applying our
ears closely to the box. I was convinced that he was dead, and
determined to open the door. We found him lying at full length,
apparently in a deep stupor, yet still alive. No time was to be lost,
yet I could not bring myself to abandon an animal who had now been
twice instrumental in saving my life, without some attempt at
preserving him. We therefore dragged him along with us as well as we
could, although with the greatest difficulty and fatigue; Augustus,
during part of the time, being forced to clamber over the impediments
in our way with the huge dog in his arms--a feat to which the
feebleness of my frame rendered me totally inadequate. At length we
succeeded in reaching the hole, when Augustus got through, and Tiger
was pushed in afterward. All was found to be safe, and we did not fail
to return sincere thanks to God for our deliverance from the imminent
danger we had escaped. For the present it was agreed that I should
remain near the opening, through which my companion could readily
supply me with a part of his daily provision, and where I could have
the advantages of breathing an atmosphere comparatively pure.

In explanation of some portions of this narrative wherein I have spoken
of the stowage of the brig, and which may appear ambiguous to some of
my readers who may have seen a proper or regular stowage, I must here
state that the manner in which this most important duty had been
performed on board the Grampus was a most shameful piece of neglect on
the part of Captain Barnard, who was by no means as careful or as
experienced a seaman as the hazardous nature of the service on which he
was employed would seem necessarily to demand. A proper stowage cannot
be accomplished in a careless manner, and many most disastrous
accidents, even within the limits of my own experience, have arisen
from neglect or ignorance in this particular. Coasting vessels, in the
frequent hurry and bustle attendant upon taking in or discharging
cargo, are the most liable to mishap from the want of a proper
attention to stowage. The great point is to allow no possibility of the
cargo or ballast's shifting position even in the most violent rollings
of the vessel. With this end, great attention must be paid, not

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Text Comparison with Poemas

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¡Ave: Good morning! Yo sé, divino icono, ¡oh, magna estatua!, que tu solo nombre, el de la excelsa beldad que encarnas, ha hecho brotar.
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El ruido es mareador y se siente en el aire una trepidación incesante; el repiqueteo de los cascos, el vuelo sonoro de las ruedas, parece a cada instante aumentarse.
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Frente al balcón, vestido de rosas blancas, por donde en el Paraíso asoma tu faz de generosos y profundos ojos, pasan tus hermanas y te saludan con una sonrisa, en la maravilla de tu virtud, ¡oh, mi ángel consolador; oh, mi esposa! La primera que pasa es Irene, la dama brillante de palidez extraña, venida de allá, de los marea lejanos; la segunda es Eulalia, la dulce Eulalia, de cabellos de oro y ojos de violeta, que dirige al Cielo su mirada; la tercera es Leonora, llamada así por los ángeles, joven y radiosa en el Edén distante; la otra es Francés, la amada que calma las penas con su recuerdo; la otra es Ulalume, cuya sombra yerra en la nebulosa región de Weir, cerca del sombrío lago de Auber; la otra Helen, la que fué vista por la primera vez a la luz de perla de la Luna; la otra Annie, la de los ósculos y las caricias y oraciones por el adorado; la otra Annabel Lee, que amó con un amor envidia de los serafines del Cielo; la otra Isabel, la de los amantes coloquios en la claridad lunar; Ligeia, en fin, meditabunda, envuelta en un velo de extraterrestre esplendor.
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» Cuando entra a West Point hace notar en él un colega, Mr.
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Desde muy temprano conoció las asechanzas del lobo racional.
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que sea determinador de la Naturaleza.
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Pero vos fuisteis la madre de aquella que quise tan tiernamente, y por eso mismo me sois más querida que la madre que conocí, más querida que todo, lo mismo que mi mujer era más amada por mi alma que lo que esta misma amaba su propia vida.
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Allá los templos abiertos y las tumbas sin losa bostezan al nivel de las aguas luminosas; pero ni las riquezas que se muestran en los ojos adiamantados de cada ídolo, ni los cadáveres con sus rientes adornos de joyas, quitan a las aguas de su lecho; ninguna ondulación arruga, ¡ay de mí! todo ese vasto desierto de cristal; ninguna ola indica que los vientos puedan existir sobre otros mares lejanos y más felices; ninguna ola, ninguna ola deja suponer que han existido vientos sobre mares menos horrorosamente serenos.
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Querida niña, ¿no tienes miedo? ¿Por qué, y con qué sueñas? Has venido, ciertamente, de mares muy lejanos; ¿no eres una maravilla para los árboles de ese jardín? Extraña es tu palidez, extraño tu vestido, extraña sobre todo, la longitud de tus cabellos, y todo este silencio solemne.
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1845.
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CANCIÓN Te vi en tu día nupcial, cuando un intenso pudor invadía tu frente, aunque todo fuera alegría alrededor de ti y que, delante tuyo, no fuera el mundo sino Amor.
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La brisa,--esa respiración de Dios,--reposa inmóvil, y la bruma que se extiende como una sombra sobre la colina,--como una sombra cuyo velo no se ha desgarrado todavía,--resulta así un símbolo y un signo.
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» VI Mas Psiquis dijo señalando al Cielo: «La palidez de ese astro me conturba; pronto, huyamos de aquí, pronto, es preciso.
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¡Oh, amada! ¡Qué tristezas extrahumanas, qué irreales leyendas de amor relatan! ¡Qué misteriosos dolores, qué sublimes esperanzas, qué mudas renunciaciones expresan aquellos ojos que en las sombras fijan en mí sus miradas! IV ¡Noche oscura, ya Diana entre turbios nubarrones hundió la faz plateada; y tú sola en medio de la avenida funeraria, te deslizas ideal, mística y blanca, te deslizas y te alejas incorpórea cual fantasma; sólo flotan tus miradas, sólo tus ojos perennes, tus ojos de hondas miradas fijos quedan! A través de los espacios y los tiempos marcan, marcan mi sendero, y no me dejan cual me dejó la esperanza.
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De mi umbral tu forma aleja.