The Complete Poetical Works of Edgar Allan Poe Including Essays on Poetry

By Edgar Allan Poe

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former power.

For another year or so Poe lived quietly at Fordham, guarded by the
watchful care of Mrs. Clemm,--writing little, but thinking out his
philosophical prose poem of "Eureka," which he deemed the crowning work
of his life. His life was as abstemious and regular as his means were
small. Gradually, however, as intercourse with fellow literati
re-aroused his dormant energies, he began to meditate a fresh start in
the world. His old and never thoroughly abandoned project of starting a
magazine of his own, for the enunciation of his own views on literature,
now absorbed all his thoughts. In order to get the necessary funds for
establishing his publication on a solid footing, he determined to give a
series of lectures in various parts of the States.

His re-entry into public life only involved him in a series of
misfortunes. At one time he was engaged to be married to Mrs. Whitman, a
widow lady of considerable intellectual and literary attainments; but,
after several incidents of a highly romantic character, the match was
broken off. In 1849 Poe revisited the South, and, amid the scenes and
friends of his early life, passed some not altogether unpleasing time.
At Richmond, Virginia, he again met his first love, Elmira, now a
wealthy widow, and, after a short renewed acquaintance, was once more
engaged to marry her. But misfortune continued to dog his steps.

A publishing affair recalled him to New York. He left Richmond by boat
for Baltimore, at which city he arrived on the 3d October, and handed
his trunk to a porter to carry to the train for Philadelphia. What now
happened has never been clearly explained. Previous to starting on his
journey, Poe had complained of indisposition,--of chilliness and of
exhaustion,--and it is not improbable that an increase or continuance of
these symptoms had tempted him to drink, or to resort to some of those
narcotics he is known to have indulged in towards the close of his life.
Whatever the cause of his delay, the consequences were fatal. Whilst in
a state of temporary mania or insensibility, he fell into the hands of a
band of ruffians, who were scouring the streets in search of accomplices
or victims. What followed is given on undoubted authority.

His captors carried the unfortunate poet into an electioneering den,
where they drugged him with whisky. It was election day for a member of
Congress, and Poe with other victims, was dragged from polling station
to station, and forced to vote the ticket placed in his hand. Incredible
as it may appear, the superintending officials of those days

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Text Comparison with Poemas

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A ti, Nuestra Señora de la Libertad.
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Ave, Libertad, llena de fuerza; el Señor es contigo: bendita tú eres.
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Así tú para mí.
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No es, por cierto, aquel gallardo jovencito sensitivo que al conocer a Elena Stannard, quedó trémulo y sin voz como el Dante de la _Vita Nuova_.
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Profesaba, sí, la moral cristiana; y en cuanto a los destinos del hombre, creía en una ley divina, en un fallo inexorable.
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Y esa fué la razón por la cual, hace ya bastante tiempo, en ese reino más allá de la mar un soplo descendió de una nube, y heló a mi bella Annabel Lee; de suerte que sus padres vinieron y se la llevaron lejos de mí para encerrarla en un sepulcro, en ese reino más allá de la mar.
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Se diría que las torres se han bamboleado y se hunden, dulcemente, en la onda taciturna, como si las cimas hubieran producido un ligero vacío en el cielo brumoso.
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¡Oh brillante princesa! ¿por qué dejar esa ventana abierta a la noche? Los espíritus juguetones, desde lo alto de los árboles se filtran a través de la persiana.
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! 1838.
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LA ROMANZA ¡Oh romanza que gustas cantar, la frente adormecida y las alas plegadas, entre las hojas verdes agitadas a lo lejos sobre algún lago umbrío, tú has sido para mí un papagayo de vivos colores, un pájaro muy familiar; tú me has enseñado a leer mi alfabeto, a balbucear todas mis primeras palabras, mientras que, niño de mirada sagaz, me hundía en huraños bosques.
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Y ahora me será más.
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Era la edad del corazón volcánico como las llamas del Yanek sulfúreas, como las lavas del Yanek que brotan allá del polo en la región nocturna.
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¡Oh, noche infausta, infausta cual ninguna! ¡Oh! ¿Qué infernal espíritu me trajo a esta región fatal de la tristura? Bien reconozco el mudo lago de Auber, y esta comarca que el horror anubla, y el bosque fantasmático de Weir, la región espectral de la pavura! ESTRELLAS FIJAS (TO HELEN) I Te vi un punto; era una noche de julio, noche tibia y perfumada, noche diáfana, de la Luna plena y límpida, límpida como tu alma, descendían sobre el parque adormecido gráciles velos de plata; ni una ráfaga el infinito silencio y la quietud perturbaban; en el parque evaporaban las rosas los perfumes de sus almas, para que los recogieras en aquella noche mágica; para que tú lo aspiraras su último aliento exhalaban, como en una muerte extática; y era una selva encantada, y era una noche de ensueños y claridades fantásticas! II ¡Toda de blanco vestida, toda blanca sobre un banco de violetas reclinada te veía, y a las rosas moribundas y a ti una luz tenue y diáfana alumbraba luz de perla diluida en un éter de suspiros y de evaporadas lágrimas! III ¿Qué hado extraño (¿fué ventura, fué desgracia?) me condujo aquella noche hasta el parque de las rosas que exhalaban los suspiros perfumados de su alma? Ni una hoja susurraba; no se oía una pisada, todo mudo, todo en calma, todo en sueño menos _tú_ y _yo_ (¡cuál me agito al unir las dos palabras!) menos tú y yo.
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PÉREL BONALDO Una fosca media noche, cuando en tristes reflexiones, sobre más de un raro infolio de olvidados cronicones inclinaba soñoliento la cabeza, de repente a mi puerta oí llamar: como si alguien, suavemente, se pusiese con incierta mano tímida a tocar: «Es--me dije--una visita que llamando está a mi puerta: eso es todo, ¡y nada más!» ¡Ah! Bien claro lo recuerdo: era el crudo mes del hielo, y su espectro cada brasa moribunda enviaba al suelo.
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Sin pararse ni un instante ni señales dar de susto, con aspecto señorial, fué a posarse sobre un busto de Minerva que ornamenta de mi puerta el cabezal; sobre el busto que de Palas la figura representa, fué y posose--¡y nada más! Trocó entonces el negro pájaro en sonrisas mi tristeza con su grave, torva y seria decorosa gentileza; y le dije: «Aunque la cresta calva llevas, de seguro no eres cuervo nocturnal, viejo, infausto cuervo oscuro, vagabundo en la tiniebla.
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la muerte, hasta el punto de, en su duelo, sus canciones terminar, y el clamor de la esperanza con el triste ritornelo de jamás, ¡y nunca más!» Mas el cuervo, provocando mi alma triste a la sonrisa mi sillón rodé hasta el frente al ave, al busto, a la cornisa; luego, hundiéndome en la seda, fantasía y fantasía dime entonces a juntar, por saber qué pretendía aquel pájaro ominoso de un pasado inmemorial, aquel hosco, torvo, infausto, cuervo lúgubre y odioso al graznar: «¡Nunca jamás!» Quedé aquesto, investigando frente al cuervo en honda calma, cuyos ojos encendidos me abrasaban pecho y alma.