The Bells, and Other Poems

By Edgar Allan Poe

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On the harmony there?

Ligeia! wherever
Thy image may be,
No magic shall sever
Thy music from thee.
Thou hast bound many eyes
In a dreamy sleep--
But the strains still arise
Which _thy_ vigilance keep--
The sound of the rain,
Which leaps down to the flower--
And dances again
In the rhythm of the shower--
The murmur that springs
From the growing of grass
Are the music of things--
But are modell'd, alas!--
Away, then, my dearest,
Oh! hie thee away
To the springs that lie clearest
Beneath the moon-ray--
To lone lake that smiles,
In its dream of deep rest,
At the many star-isles
That enjewel its breast--
Where wild flowers, creeping,
Have mingled their shade,
On its margin is sleeping
Full many a maid--
Some have left the cool glade, and
Have slept with the bee--
Arouse them, my maiden,
On moorland and lea--
Go! breathe on their slumber,
All softly in ear,
Thy musical number
They slumbered to hear--
For what can awaken
An angel so soon,
Whose sleep hath been taken
Beneath the cold moon,
As the spell which no slumber
Of witchery may test,
The rhythmical number
Which lull'd him to rest?"

Spirits in wing, and angels to the view,
A thousand seraphs burst th' Empyrean thro'
Young dreams still hovering on their drowsy flight--
Seraphs in all but "Knowledge," the keen

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Text Comparison with Poemas

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El ladrante slang yanqui sonaba por todas partes, bajo el pabellón de bandas y estrellas.
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Aquélla no es la Diana sagrada de las incomparables flechas: es Hécate.
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», dice Groussac; «esos feroces calibanes.
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Así tú para mí.
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Por cierto que la publicación de aquel libro, cuya traducción a nuestra lengua hay que agradecer al Sr.
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De todos los retratos que han llegado a mis manos, los que más me han llamado la atención son el de Chiffart, publicado en la edición ilustrada de Quantin, de los _Cuentos extraordinarios_, y el grabado por R.
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» Cuando entra a West Point hace notar en él un colega, Mr.
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Era un sublime apasionado, un nervioso, uno de esos divinos semilocos necesarios para el progreso humano, lamentables cristos del arte, que por amor al eterno ideal tienen su calle de la amargura, sus espinas y su cruz.
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«Odio, sobre todo, y detesto este animal que se llama Hombre», escribía Swift a Poe.
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Esa niña vivía sin ningún otro pensamiento que amarme y ser amada por mí.
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Y ahora que os dejo, permitidme por lo menos confesar esto: no os agraviéis, vos que estimáis que mis días han sido un ensueño.
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¡Ella duerme! ¡Oh! puede que su sueño sea tan profundo como durable!; ¡que el cielo la tenga en su santa guardia! ¡Que esta cámara sea transformada en una más melancólica y yo rogaré a Dios que la deje dormir para siempre, los ojos cerrados, mientras que a su alrededor errarán los fantasmas de oscuros velos! Mi amor: ¡ella duerme! ¡Que su sueño eterno pueda ser profundo! ¡Que los gusanos se deslicen dulcemente a su alrededor! ¡Que en el fondo del bosque viejo y sombrío, alguna gran tumba pueda abrirse para ella, alguna gran tumba que haya cerrado otras veces como alas sus negros «panneaux» triunfantes, por encima de los estandartes funerarios bordados con las armas de su ilustre familia;--alguna tumba lejana y aislada contra la portada de la cual ella haya en su infancia lanzado tantas piedras ociosas;--algún sepulcro cuya puerta sonora no le devuelva jamás nuevos ecos, a ella, pobre hija del pecado, que en otro tiempo se estremecía al pensamiento de que fueran los muertos quienes le respondiesen gimiendo! 1845.
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Todo nuestro poderío no ha desaparecido,--ni toda nuestra gloria,--ni todo el prestigio de nuestro alto renombre, ni.
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Este drama abigarrado--estad seguro que no será olvidado,--con su fantasma perseguido siempre por una muchedumbre que no puede atraparlo, en un círculo que gira siempre sobre sí mismo y vuelve sin cesar al mismo punto; ese drama en el cual forman el alma de la intriga mucha locura y todavía más pecado y horror!.
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LOS ESPÍRITUS DE LOS MUERTOS Tu alma se encontrará sola, cautiva de los negros pensamientos de la gris piedra tumbal; ninguna persona te inquietará en tus horas de recogimiento.
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Son las áureas notas una fuente de ledo murmullo o el enamorado arrullo de la tórtola: la Luna en la dormida laguna vierte miradas de plata, y en el éter y en las linfas palpita la serenata.
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Esto y más--sobre cojines reclinado--con anhelo me empeñaba en descifrar, sobre el rojo terciopelo do imprimía viva huella luminoso mi fanal-- terciopelo cuya púrpura ¡ay! jamás volverá ella a oprimir--¡Ah! ¡Nunca más! Pareciome el aire entonces, por incógnito incensario que un querube columpiase de mi alcoba en el santuario, perfumado--«Miserable sér--me dije--Dios te ha oído y por medio angelical, tregua, tregua y el olvido del recuerdo de Leonora te ha venido hoy a brindar: ¡bebe! bebe ese nepente, y así todo olvida ahora.
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dime, dime, te lo imploro: ¿Llegaré jamás a hallar algún bálsamo o consuelo para el mal que triste lloro?» Dijo el cuervo: «¡Nunca más!» «Oh, profeta--dije--o diablo--Por ese ancho combo velo de zafir que nos cobija, por el mismo Dios del Cielo a quien ambos adoramos, dile a esta alma adolorida, presa infausta del pesar, si jamás en otra vida la doncella arrobadora a mi seno he de estrechar, la alma virgen a quien llaman los arcángeles Leonora!» Dijo el cuervo: «¡Nunca más!» «Esa voz, oh, cuervo, sea la señal de la partida, grité alzándome:--¡Retorna, vuelve a tu hórrida guarida, la plutónica ribera de la noche y de la bruma!.