Poemas

By Edgar Allan Poe

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Gautier:

«Es raro que un poeta, dice, que un artista sea conocido bajo su primer
encantador aspecto. La reputación no le viene, sino muy tarde, cuando ya
las fatigas del estudio, la lucha por la vida y las torturas de las
pasiones han alterado su fisonomía primitiva; apenas deja sino una
máscara usada, marchita, donde cada dolor ha puesto por estigma una
magulladura o una arruga.»

Desde niño, Poe «prometía una gran belleza.»

Sus compañeros de colegio hablan de su agilidad y robustez. Su
imaginación y su temperamento nervioso estaban contrapesados por la
fuerza de sus músculos. El amable y delicado ángel de poesía sabía dar
excelentes puñetazos. Más tarde dirá de él una buena señora: «Era un
muchacho bonito.»

Cuando entra a West Point hace notar en él un colega, Mr. Gibson, su
«mirada cansada, tediosa y hastiada.» Ya en su edad viril, recuérdale el
bibliófilo Gowans: «Poe tenía un exterior notablemente agradable y que
predisponía en su favor: lo que las damas llamarían claramente bello.»
Una persona que le oye recitar en Boston, dice: «Era la mejor
realización de un poeta, en su fisonomía, aire y manera.» Un precioso
retrato es hecho de mano femenina: «Una talla algo menos que de altura
mediana, quizá, pero tan perfectamente proporcionada y coronada por una
cabeza tan noble, llevada tan regiamente, que, a mi juicio de muchacha,
causaba la impresión de una estatura dominante. Esos claros y
melancólicos ojos parecían mirar desde una eminencia....». Otra dama
recuerda la extraña impresión de sus ojos: «Los ojos de Poe, en verdad,
eran el rasgo que más impresionaba, y era a ellos a los que su cara
debía su atractivo peculiar. Jamás he visto otros ojos que en algo se le
parecieran. Eran grandes, con pestañas largas y un negro de azabache: el
iris acero gris, poseía una cristalina claridad y transparencia, a
través de la cual la pupila negra azabache se veía expandirse y
contraerse, con toda sombra de pensamiento o de emoción. Observé que los
párpados jamás se contraían, como es tan usual en la mayor parte de las
personas, principalmente cuando hablan; pero su mirada siempre era
llena, abierta y sin encogimiento ni emoción. Su expresión habitual era
soñadora y triste: algunas veces tenía un modo de dirigir una mirada
ligera, de soslayo, sobre alguna persona que no le observaba a él, y,
con una mirada tranquila y fija, parecía que mentalmente estaba midiendo
el calibre de la persona que estaba ajena de ello.--¡Qué ojos tan
tremendos tiene el señor Poe!--me dijo una señora. Me hace helar la
sangre el verle darse vuelta lentamente y fijarlos sobre mí cuando estoy
hablando».

La

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Text Comparison with Cuentos Clásicos del Norte, Primera Serie

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Íchabod Crane es la caricatura del maestro de escuela ambulante; como David Gánent en la novela de Cóoper, _El último de los mohicanos_, es un neoyorquino bajo el disfraz del fértil buhonero de Connécticut que cuando el negocio va mal está listo para enseñar en la escuela o para dirigir el coro de la iglesia de la aldea.
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Hubo luego un largo y obstinado silencio.
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Está formada casi toda de arena, y tiene alrededor de tres millas de longitud.
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Yo lo dije sólo de juego.
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De haberla, la tarea habría sido fácil relativamente.
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Estudiemos, por ejemplo, la penúltima vez que se presenta la combinación _;48_ no muy lejos del final del manuscrito.
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No pude dejar de recordar el salvaje ritual de aquella obra y pensar en su probable influencia sobre el hipocondriaco, el día en que después de informarme bruscamente de que Lady Mádeline había fallecido, me manifestó su intención de conservar el cadáver durante una quincena en alguna de las numerosas bóvedas que existían en los muros del edificio, antes de proceder a su definitiva inhumación.
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Lo que encontraba yo de "extraordinario" en los ojos de Ligeia consistía, sin embargo, en algo de naturaleza diferente de la forma, el color o la brillantez; algo que, después de todo, me veo obligado a referir a la _expresión_.
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Ella se enderezó a medias y habló, en ardiente murmullo, de los sonidos que en aquel mismo instante _oía_, pero que yo no podía escuchar, de los movimientos que ella _veía_, pero que yo no podía percibir.
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Si yo vi esto, no lo vió Rowena.
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Y el regocijo remolineaba sin cesar, hasta que al cabo brotó del reloj el son de media noche.
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Encontrábase en el salón azul con un grupo de pálidos cortesanos a su alrededor.
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Esta ocupación resulta a menudo muy interesante; y aquél que por primera vez la ensaya se sorprende por la distancia, aparentemente ilimitada e incoherente, entre el punto de partida y la meta.
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Pero en la acerba diatriba que apareció en el Musée de ayer contra Chantilly, hacía el crítico algunas alusiones bochornosas sobre el cambio de nombre del zapatero remendón al calzarse el coturno, y citaba una línea latina que hemos comentado juntos a menudo y que dice: _Predidit antiquum litera prima sonum.
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y la cabeza, con cerca de una pulgada de punta quedó entre mis manos.
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Todos los muros, con excepción de uno, se habían desplomado.
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Cuando llegamos a la casa se domesticó inmediatamente, haciendo al punto grandes migas con mi mujer.
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La idea generalmente aceptada es que este vórtice, lo mismo que otros tres más pequeños en las islas de Férroe, "no tiene otra causa que el choque de las olas al levantarse y al caer, durante el flujo y el reflujo, sobre un parapeto de rocas y bajíos que confina el agua, de manera que se precipitan allí como una catarata; y de consiguiente, mientras más sube la marea más profunda es la caída, y el resultado lógico es un remolino o vórtice cuya prodigiosa succión está suficientemente comprobada por menores experimentos.
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"Nuestro barco era tan liviano como la pluma más tenue que jamás hubiera flotado sobre el mar.
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[3] Nombre análogo en letras y pronunciación a _Bishop_, que en inglés significa obispo.