Poemas

By Edgar Allan Poe

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para que su nombre y su obra no sean a la continua
recordados. Desde su muerte acá, no hay año casi en que, ya en el libro
o en la revista, no se ocupen del excelso poeta americano, críticos,
ensayistas y poetas. La obra de Ingram iluminó la vida del hombre; nada
puede aumentar la gloria del soñador maravilloso. Por cierto que la
publicación de aquel libro, cuya traducción a nuestra lengua hay que
agradecer al Sr. Mayer, estaba destinada al grueso público.

¿Es que en el número de los escogidos, de los aristócratas del espíritu,
no estaba ya pesado en su propio valor, el odioso fárrago del canino
Griswold? La infame autopsia moral que se hizo del ilustre difunto debía
tener esa bella protesta. Ha de ver ya el mundo libre de mancha al cisne
inmaculado.

Poe, como un Ariel hecho hombre, diríase que ha pasado su vida bajo el
flotante influjo de un extraño misterio. Nacido en un país de vida
práctica y material, la influencia del medio obra en él al contrario. De
un país de cálculo brota imaginación tan estupenda. El dón mitológico
parece nacer en él por lejano atavismo, y vese en su poesía un claro
rayo del país del sol y azul en que nacieron sus antepasados. Renace en
él el alma caballeresca de los Le Poer alabados en las crónicas de
Generaldo Gambresio. Arnoldo Le Poer lanza en la Irlanda de 1327 este
terrible insulto al caballero Mauricio de Desmond: «Sois un rimador.»
Por lo cual se empuñan las espadas y se traba una riña, que es el
prólogo de guerra sangrienta.

Cinco siglos después, un descendiente del provocativo Arnoldo,
glorificará a su raza, erigiendo sobre el rico pedestal de la lengua
inglesa, y en un nuevo mundo, el palacio de oro de sus rimas.

El noble abolengo de Poe; ciertamente, no interesa sino a «aquellos que
tienen gusto de averiguar los efectos producidos por el país y el linaje
en las peculiaridades mentales y constitucionales de los hombres de
genio» según las palabras de la noble Sra. Whitman. Por lo demás, es él
quien hoy da valer y honra a todos los pastores protestantes, tenderos,
rentistas o mercachifles que llevan su apellido en la tierra del
honorable padre de su patria Jorge Washington.

Sábese que en el linaje del poeta hubo un bravo sir Rogerio, que batalló
en compañía de Strongbow, un osado, sir Arnoldo, que defendió a una
_lady_, acusada de bruja; una mujer heroica y viril, la célebre
_Condesa_ del tiempo de Cromwell; y pasado sobre enredos genealógicos
antiguos, un General de los Estados Unidos, su abuelo.

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Text Comparison with The Cask of Amontillado

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It was about dusk, one evening during the supreme madness of the carnival season, that I encountered my friend.
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These orders were sufficient, I well knew, to insure their immediate disappearance, one and all, as soon as my back was turned.
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The wine sparkled in his eyes and the bells jingled.
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At the most remote end of the crypt there appeared another less spacious.
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The earliest indication I had of this was a low moaning cry from the depth of the recess.
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I thrust a torch through the remaining aperture and let it fall within.