Eureka

By Edgar Allan Poe

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sujet, je suis pleinement autorisé à
déclarer que _la Loi, que nous nommons habituellement Gravitation,
existe en raison de ce que la Matière a été, à son origine, irradiée
atomiquement, dans une sphère limitée_[2] _d'Espace, d'une Particule
Propre, unique, individuelle, inconditionnelle, indépendante et
absolue, selon le seul mode qui pouvait satisfaire à la fois aux deux
conditions d'irradiation et de distribution généralement égale à
travers la sphère,--c'est-à-dire par une force variant en proportion
directe des carrés des distances comprises entre chacun des atomes
irradiés et le centre spécial d'Irradiation._

J'ai déjà dit pour quelles raisons je présumais que la Matière avait
été éparpillée par une force déterminée, plutôt que par une force
continue ou infiniment continuée. D'abord, en supposant une force
continue, nous ne pourrions comprendre aucune espèce de réaction; et
ensuite nous serions obligés d'accepter l'idée inadmissible d'une
extension infinie de Matière. Sans nous appesantir sur l'impossibilité
de cette conception, remarquons que l'extension infinie de la Matière
est une idée qui, si elle n'est pas positivement contredite, du moins
n'est pas du tout confirmée par les observations télescopiques;--c'est
un point à éclaircir plus tard; et cette raison empirique qui nous fait
croire que la Matière est originellement finie se trouve confirmée
d'une manière non empirique. Ainsi, par exemple, en admettant, pour le
moment, la possibilité de comprendre l'Espace _rempli_ par les atomes
irradiés, c'est-à-dire en admettant, autant que nous le pouvons, que la
succession des atomes irradiés n'ait absolument pas _de fin,_ il est
suffisamment clair que, même après que la Volonté Divine s'est retirée
d'eux et que la tendance à retourner vers l'Unité a eu, d'une manière
abstraite, permission de se satisfaire, cette permission aurait été
futile et inefficace, sans valeur pratique et sans effet quelconque.
Aucune Réaction n'aurait pu avoir lieu; aucun mouvement vers l'Unité
n'aurait pu se faire; aucune loi de gravitation n'aurait pu s'établir.

Expliquons mieux la chose. Accordez que la tendance abstraite d'un
atome quelconque vers un autre atome quelconque est le résultat
inévitable de la diffusion de l'Unité normale, ou ce qui est la même
chose, admettez qu'un atome donné quelconque _se propose_ de se mouvoir
dans une direction donnée quelconque, il est clair que, s'il y a une
_infinité_ d'atomes de tous les côtés de l'atome qui se propose de se
mouvoir, il ne pourra jamais se mouvoir, dans la direction donnée, vers
la satisfaction de sa tendance, en raison d'une tendance précisément
égale et contre-balançante dans la direction diamétralement opposée.
En d'autres termes, il y a exactement autant de tendances derrière que
devant l'atome hésitant; car c'est une pure sottise de dire qu'une
ligne infinie est plus longue ou plus courte qu'une autre

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INDICE Prólogo de _Rubén Darío_ POEMAS Annabel Lee A mi Madre Para Annie Eldorado Eulalia Un ensueño en un ensueño La ciudad en el mar La Durmiente Balada Nupcial El Coliseo El Gusano Vencedor A Elena A la Ciencia A la Señorita * * * A la Señorita * * * Al Río Canción Los Espíritus de los Muertos La Romanza El Reino de las Hadas El Lago La Estrella de la Tarde El Día más Feliz Imitación Las Campanas Ulalume Estrellas Fijas Dreamland El Cuervo PRÓLOGO En una mañana fría y húmeda llegué por primera vez al inmenso país de los Estados Unidos.
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Se cree oír la voz de Nueva York, el eco de un vasto soliloquio de cifras.
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Frente al balcón, vestido de rosas blancas, por donde en el Paraíso asoma tu faz de generosos y profundos ojos, pasan tus hermanas y te saludan con una sonrisa, en la maravilla de tu virtud, ¡oh, mi ángel consolador; oh, mi esposa! La primera que pasa es Irene, la dama brillante de palidez extraña, venida de allá, de los marea lejanos; la segunda es Eulalia, la dulce Eulalia, de cabellos de oro y ojos de violeta, que dirige al Cielo su mirada; la tercera es Leonora, llamada así por los ángeles, joven y radiosa en el Edén distante; la otra es Francés, la amada que calma las penas con su recuerdo; la otra es Ulalume, cuya sombra yerra en la nebulosa región de Weir, cerca del sombrío lago de Auber; la otra Helen, la que fué vista por la primera vez a la luz de perla de la Luna; la otra Annie, la de los ósculos y las caricias y oraciones por el adorado; la otra Annabel Lee, que amó con un amor envidia de los serafines del Cielo; la otra Isabel, la de los amantes coloquios en la claridad lunar; Ligeia, en fin, meditabunda, envuelta en un velo de extraterrestre esplendor.
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para que su nombre y su obra no sean a la continua recordados.
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Jamás he visto otros ojos que en algo se le parecieran.
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Pero si brilla y descuella intelectual y físicamente entre sus compañeros, los hijos de familia de la fofa aristocracia del lugar miran por encima del hombro al hijo.
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Ya en el libro de Job, _Eliphaz Themanita_, exclama: «¿Cuánto más el hombre abominable y vil que bebe como la inquietud?».
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Este es el que previene todas las cosas, que es sér por sí mismo necesario, y a éste llamamos Dios.
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Las lamentaciones y los gemidos, los suspiros y las lágrimas son apaciguadas entre tanto por esta horrible palpitación de mi corazón; ¡ah, esta horrible palpitación! La incomodidad,--el disgusto--el cruel sufrimiento--han cesado con la fiebre que enloquecía mi cerebro, con la fiebre llamada «vivir» que consumía mi cerebro.
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acaricia.
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Y mi Señor me ama bien; pero la primera vez que pronunció su voto sentí estremecerse mi pecho, porque sus palabras sonaron como un toque de agonía y su voz se parecía a la de aquel que cayó durante la batalla en el fondo del valle, y que es dichoso ahora.
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No somos impotentes nosotras, pálidas piedras.
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Una multitud de ángeles alados, adornados con velos y anegados en lágrimas, se halla reunida en un teatro para contemplar un drama de esperanzas y de temores mientras la orquesta suspira por intervalos la música de las esferas.
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EL REINO DE LAS HADAS Valles oscuros, torrentes umbríos, bosques nebulosos en los cuales nadie puede descubrir las formas a causa de las lágrimas que gota a gota se lloran de todas partes! Allá, lunas desmesuradas crecen y decrecen, siempre, ahora, siempre, a cada instante de la noche, cambiando siempre de lugar, y bajo el hálito de sus faces pálidas ellas oscurecen el resplandor de las temblorosas estrellas.
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De repente todo cambia.
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V Por esa senda desolada y triste que recorren tan sólo ángeles malos, senda fatal donde la Diosa Noche ha erigido su trono solitario, donde la inexplorada, última Thule esfuma en sombras sus contornos vagos, con el alma abrumada de pesares, transido el corazón, he paseado.
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Dije entonces al momento: «Ya otros antes se han marchado, y la aurora al despuntar, él también se irá volando cual mis sueños han volado.
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Esto y más--sobre cojines reclinado--con anhelo me empeñaba en descifrar, sobre el rojo terciopelo do imprimía viva huella luminoso mi fanal-- terciopelo cuya púrpura ¡ay! jamás volverá ella a oprimir--¡Ah! ¡Nunca más! Pareciome el aire entonces, por incógnito incensario que un querube columpiase de mi alcoba en el santuario, perfumado--«Miserable sér--me dije--Dios te ha oído y por medio angelical, tregua, tregua y el olvido del recuerdo de Leonora te ha venido hoy a brindar: ¡bebe! bebe ese nepente, y así todo olvida ahora.
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