Cuentos Clásicos del Norte, Primera Serie

By Edgar Allan Poe

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sostenerse. Decíase
que tenía dinero ahorrado. Nunca encontró a otras personas en la
casa cuando venía a tomar la ropa o a entregarla. Estaba segura de
que no tenían criada a domicilio. Parecía no haber muebles en la
casa, con excepción de los del cuarto piso.

_Pierre Moreau_, tabaquero, declara que acostumbraba vender
pequeñas cantidades de tabaco a Madame L'Espanaye hacía cerca de
cuatro años. Había nacido en la vecindad y vivido siempre en el
mismo barrio. La anciana y su hija ocupaban hacía más de seis años
la casa en donde se encontraron los cadáveres. Antes estuvo ocupada
por un joyero que subarrendaba los cuartos altos a varias personas.
La casa era propiedad de Madame L. Habiéndose disgustado por el
abuso de posesión de su arrendatario, vino ella misma a habitar la
propiedad sin querer alquilar ningún departamento. La anciana era
algo pueril. Los testigos habían visto a la joven unas cinco o seis
veces durante los seis años. Ambas llevaban una vida muy retirada,
y se decía que tenían dinero. Había oído en la vecindad que Madame
L. decía la buenaventura; pero no lo creía. Nunca había visto a
nadie atravesar la puerta, salvo la anciana y su hija, un mandadero
una o dos veces, y un médico unas ocho o diez veces.

Muchas otras personas y vecinos testificaron de igual manera. A
nadie se indicaba como visitante de la casa. Ignorábase si existían
parientes de Madame L. y de su hija. Las persianas de las ventanas
del frente rara vez se alzaban. Las de la parte posterior siempre
estaban cerradas, con excepción del gran aposento del fondo en el
cuarto piso. La casa era un buen edificio, no muy antiguo.

_Isidore Muset_, gendarme, declara que fué llamado a la casa a eso

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Text Comparison with The Masque of the Red Death

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It was towards the close of the fifth or sixth month of his seclusion, and while the pestilence raged most furiously abroad, that the Prince Prospero entertained his thousand friends at a masked ball of the most unusual magnificence.
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But in the corridors that followed the suite, there stood, opposite to each window, a heavy tripod, bearing a brazier of fire, that projected its rays through the tinted glass and so glaringly illumined the room.
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There were much glare and glitter and piquancy and phantasm--much of what has been since seen in "Hernani".
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There are chords in the hearts of the most reckless which cannot be touched without emotion.
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But from a certain nameless awe with which the mad assumptions of the mummer had inspired the whole party, there were found none who put forth hand to seize him; so that, unimpeded, he passed within a yard of the prince's person; and, while the vast assembly, as if with one impulse, shrank from the centres of the rooms to the walls, he made his way uninterruptedly, but with the same.
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He had come like a thief in the night.