Cuentos Clásicos del Norte, Primera Serie

By Edgar Allan Poe

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y no vacilaba en confesar el placer que
aquello le proporcionaba. Jactábase ante mí, con risa baja y
concentrada, de que muchos hombres tenían para él ventanas en el pecho;
haciendo seguir a esta aserción pruebas directas y sorprendentes de su
conocimiento perfecto de mis propias impresiones. Su manera de ser en
tales momentos era rígida y absorta; sus ojos adquirían vaga expresión;
en tanto que su voz, de registro poderoso de tenor, elevábase a un tiple
que hubiera vibrado ásperamente si no fuera por su enunciación clara y
perfectamente deliberada. Observando sus modales en estas ocasiones,
varias veces me puse a meditar en la antigua filosofía de la doble
personalidad, y me divertía imaginar un doble Dupín: el creador y el
resolvente.

No supongáis, por lo que acabo de decir, que pienso descubrir un
misterio o escribir algún romance. Lo que he manifestado con respecto al
francés era simplemente el fruto de una imaginación exaltada y quizá
mórbida. Pero un ejemplo dará mejor idea de la índole de sus
observaciones en los momentos a que me refiero.

Vagábamos una noche por una calle larga y sucia en las cercanías del
Palais Royal. Ocupados ambos aparentemente en nuestros propios
pensamientos, hacía quince minutos por lo menos que no pronunciábamos
una palabra. De repente saltó Dupín con esta frase:

--Es un mozo de pequeña estatura, es verdad, y estaría mejor en el
Théâtre des Variétés.

--No hay duda,--repliqué inconscientemente, sin observar de pronto, tan
absorto me encontraba en mis reflexiones, la forma extraordinaria en que
Dupín coincidía con mis meditaciones. Un instante después me di cuenta
de ello con profundo estupor.

--Dupín,--dije con gravedad,--esto sobrepasa mi comprensión. No vacilo
en decir que estoy estupefacto y apenas puedo dar crédito a mis
sentidos. ¿Cómo es posible que supierais que estaba pensando en...?--Y
me detuve, para asegurarme por completo de que él sabía a quién me
refería.

----...en Chantilly,--concluyó.--¿Por qué os detenéis? Estabais
diciéndoos a vos mismo que su pequeña figura no es a propósito para la
tragedia.--

Éste había sido precisamente el tema de mis reflexiones. Chantilly era
un antiguo remendón de la rue Saint-Denis que, loco por la escena,
lanzóse a representar el _rôle_ de Jerjes en la tragedia de Crébillon
del mismo nombre, y había sido puesto en la picota del pasquín por su
atentado.

--Decidme, por Dios,--exclamé,--el método, si alguno puede haber, por
medio del cual habéis podido sondear mi alma en esta circunstancia.--

A la verdad, estaba yo más impresionado de lo que quería expresar.

--El frutero fué,--replicó mi amigo,--quien os trajo a la conclusión de
que el zapatero remendón no era de altura suficiente para Jerjes _et id
genus omne._

--¡El frutero? ¡Me

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Text Comparison with The Complete Poetical Works of Edgar Allan Poe Including Essays on Poetry

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If Howard was less brilliant than Poe, he was far more studious; for even then the germs of waywardness were developing in the nascent poet, and even then no inconsiderable portion of his time was given to versifying.
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He continued to amuse himself in this way from time to time until he had filled all the space in his room with life-size figures which, it is remembered by those who saw them, were highly ornamental and well executed.
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Highly-colored pictures have been drawn of his eccentric behavior at the Academy, but the fact remains that he wilfully, or at any rate purposely, flung away his cadetship.
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INGRAM.
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P.
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" But the Raven, sitting lonely on that placid bust, spoke only That one word, as if his soul in that one word he did outpour.
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door; Then, upon the velvet sinking, I betook myself to linking Fancy unto fancy, thinking what this ominous bird of yore-- What this grim, ungainly, ghastly, gaunt, and ominous bird of yore Meant in croaking "Nevermore.
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Hear the sledges with the bells-- Silver bells! What a world of merriment their melody foretells! How they tinkle, tinkle, tinkle, In their icy air of night! While the stars, that oversprinkle All the heavens, seem to twinkle With a crystalline delight; Keeping time, time, time, In a sort of Runic rhyme, To the tintinnabulation that so musically wells From the bells, bells, bells, bells, Bells, bells, bells-- From the jingling and the tinkling of the bells.
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.
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_Pol_.
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Speak not to me of glory! I hate--I loathe the name; I do abhor The unsatisfactory and ideal thing.
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[_Politian bows haughtily_.
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Imprimis: "'And now she's at the pony's tail, And now she's at the pony's head, On that side now, and now on this; And, almost stifled with her bliss, A few.
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" She ceas'd--and buried then her burning cheek Abash'd, amid the lilies there, to seek A shelter from the fervor of His eye; For the stars trembled at the Deity.
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Ah! what is not a dream by day To him whose eyes are cast On things around him with a ray Turned back upon the past? That holy dream--that holy dream, While all the world were chiding, Hath cheered me as a lovely beam, A lonely spirit guiding.
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] [Footnote 3: Balzac, in substance; I do not remember the words.
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* * * * * THE POETIC PRINCIPLE.
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It is, moreover, powerfully ideal--imaginative.
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The versification, although carrying the fanciful to the very verge of the fantastic, is nevertheless admirably adapted to the wild insanity which is the thesis of the poem.
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The pleasure is deduced solely from the sense of identity--of repetition.