Cuentos Clásicos del Norte, Primera Serie

By Edgar Allan Poe

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de familia que él me había relatado con aquel candor con que
los franceses acostumbran entregarse, siempre que el tema tenga relación
con su persona. Estaba atónito por la amplitud de sus conocimientos y,
sobre todo, sentía mi alma inflamarse al contacto del ardiente fervor y
la vívida frescura de su imaginación. Habiendo fijado mi residencia en
París con cierto objeto determinado, comprendí que la sociedad de este
hombre representaba para mí tesoros inapreciables, y así se lo dije
francamente. Arreglamos al cabo que viviríamos juntos durante mi
permanencia en aquella ciudad; y como mis condiciones monetarias eran
algo más desahogadas que las suyas, me permitió tomar a mi cargo los
gastos de alquilar y amueblar, en estilo que convenía a la melancolía
fantástica de nuestro temperamento, una deteriorada y extravagante
mansión situada en una parte lejana y desolada del Faubourg
Saint-Germáin, la cual se encontraba deshabitaba hacía largo tiempo a
causa de supersticiones que no nos cuidamos de inquirir, y vacilante
hasta el punto de amenazar su ruina total.

Si nuestra manera de vivir en aquel sitio hubiera sido conocida en la
sociedad, nos habrían juzgado locos, siquiera calificaran de inofensiva
nuestra locura. Nuestro aislamiento era completo. No recibíamos
visitantes. A decir verdad, había yo guardado cuidadosamente el secreto
de mi retiro a mis antiguos compañeros; y en cuanto a Dupín, hacía
muchos años que había dejado de conocer a nadie o ser conocido en París.
Existíamos solamente dentro de nosotros mismos.

Una de las extravagancias de la fantasía de mi amigo (¿pues qué otro
nombre podría darle?) era ser un enamorado ferviente de la Noche; y
pronto caí en esta originalidad, como en todas las demás que le
distinguían, entregándome con perfecto abandono a sus fantásticos
caprichos. La negra diosa no podía acompañarnos de continuo; pero
nosotros simulábamos su presencia. A las primeras luces de la mañana
bajábamos las grandes persianas de nuestra vieja morada; encendíamos un
par de cirios fuertemente perfumados que arrojaban solamente rayos muy
débiles y fantásticos; y a su lumbre sumergíamos nuestras almas en el
ensueño, leyendo, escribiendo o conversando hasta que el reloj nos
anunciaba el advenimiento de la nueva Obscuridad. Entonces salíamos a la
calle cogidos del brazo, continuando las conversaciones del día, vagando
muy lejos hasta una hora avanzada, y tratando de encontrar entre las
ardientes luces y las sombras de la populosa ciudad aquel refinamiento
de excitación mental que la observación tranquila jamás puede procurar.

En tales ocasiones no podía dejar de percibir y admirar (aun cuando era
lógico esperarlo de su poderosa imaginación) una habilidad analítica
peculiar en Dupín. Parecía en verdad deleitarse en ejercitarla, si no
precisamente en desplegarla;

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Text Comparison with The Fall of the House of Usher

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What was it--I paused to think--what was it that so unnerved me in the contemplation of the House of Usher? It was a mystery all insoluble; nor could I grapple with the shadowy fancies that crowded upon me as I pondered.
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A letter, however, had lately reached me in a distant part of the country--a letter from him--which, in its wildly importunate nature, had admitted of no other than a personal reply.
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Shaking off from my spirit what must have been a dream, I scanned more narrowly the real aspect of the building.
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A glance, however, at his countenance, convinced me of his perfect sincerity.
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His voice varied rapidly from a tremulous indecision (when the animal spirits seemed utterly in abeyance) to that species of energetic concision--that abrupt, weighty, unhurried, and hollow-sounding enunciation--that leaden, self-balanced and perfectly modulated guttural utterance, which may be observed in the lost drunkard, or the irreclaimable eater of opium, during the periods of his most intense excitement.
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To an anomalous species of terror I found him a bounden slave.
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The verses, which were entitled "The Haunted Palace," ran very nearly, if not accurately, thus: I.
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II.
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V.
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And travellers now within that valley, Through the red-litten windows, see Vast forms that move fantastically To a discordant melody; While, like a rapid ghastly river, Through the pale door, A hideous throng rush out forever, And laugh--but smile no more.
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have previously hinted) with the gray stones of the home of his forefathers.
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Having deposited our mournful burden upon tressels within this region of horror, we partially turned aside the yet unscrewed lid of the coffin, and looked upon the face of the tenant.
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An irrepressible tremor gradually pervaded my frame; and, at length, there sat upon my very heart an incubus of utterly causeless alarm.
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"And you have not seen it?" he said abruptly, after having stared about him for some moments in silence--"you have not then seen it?--but, stay! you shall.
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It was, beyond doubt, the coincidence alone which had arrested my attention; for, amid the rattling of the sashes of the casements, and the ordinary commingled noises of the still increasing storm, the sound, in itself, had nothing, surely, which should have interested or disturbed me.
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I was by no means certain that he had noticed the sounds in question; although, assuredly, a strange alteration had, during the last few minutes, taken place in his demeanour.
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Bending closely over him, I at length drank in the hideous import of his words.
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