Cuentos Clásicos del Norte, Primera Serie

By Edgar Allan Poe

Page 80

del techo. No se veía luz de ninguna
clase que emanara de arañas o bujías dentro de las cámaras. Pero en los
corredores que rodeaban la serie, veíase, delante de cada ventana, un
pesado trípode sustentando un brasero de fuego que proyectaba sus rayos
a través del coloreado cristal, iluminando alegremente la habitación y
produciendo con sus reflejos multitud de graciosas y fantásticas
apariciones. Mas hacia el lado del oeste, o sea en la cámara negra, el
efecto del fuego que corría sobre las negras colgaduras, penetrando a
través de los cristales teñidos de color de sangre, era
extraordinariamente lúgubre, y daba tan sombrío aspecto a la figura de
los que entraban, que muy pocos de la compañía eran suficientemente
intrépidos para traspasar sus umbrales. En esta pieza había también un
gigantesco reloj de ébano que se erguía apoyado contra el muro
occidental. Su péndulo oscilaba con triste y pausado movimiento; y
cuando las manecillas habían recorrido todo el circuito de la esfera y
la hora iba a sonar, venía desde las profundidades bronceadas del reloj
un sonido alto y claro y extremadamente musical, en verdad, pero de
entonación y énfasis tan peculiares que, a cada lapso de una hora, los
músicos de la orquesta se veían obligados a detenerse instantáneamente
en su ejecución para escuchar el sonido; y los bailarines cesaban en sus
evoluciones; todo lo cual provocaba un breve desconcierto en la alegre
compañía; pudiendo observarse que mientras los ecos del reloj vibraban
todavía, los más jóvenes palidecían, y los de mayor edad y más serenos
pasaban su mano por la frente como en medio de algún confuso ensueño o
meditación. Mas apenas cesaba la vibración, ligeras carcajadas brotaban
por todas partes en la asamblea; los músicos mirábanse unos a otros y
sonreían de su propia nerviosidad y locura, comprometiéndose mutuamente
en voz queda a que la próxima campanada del reloj no les produciría
emoción semejante; y luego, pasado el lapso de los sesenta minutos (que
representan tres mil seiscientos segundos del Tiempo que vuela),
repetíase el sonido del reloj, y repetíase igual desconcierto, el mismo
temblor y meditación de una hora antes.

Pero, a pesar de todo, era aquélla una brillante y magnífica fiesta. La
estética del duque era original. Tenía un gusto refinado para la
combinación de efectos y colores. Desdeñaba la decoración que sólo se
gobierna por la moda. Sus ideas eran atrevidas y desordenadas y sus
concepciones ostentaban bárbaro esplendor. Algunos le habrían calificado
de loco. Sus admiradores, sin embargo, sabían que no era así; pero se
hacía necesario oírle, verle, y palparle para estar _seguros_ de que se
encontraba en su juicio.

El

Last Page Next Page

Text Comparison with The Complete Poetical Works of Edgar Allan Poe Including Essays on Poetry

Page 5
Allan was not the man to wean Poe from such festering fancies: as a rule he was proud of the handsome and talented boy, and indulged him in all that wealth could purchase, but at other times he treated him with contumely, and made him feel the bitterness of his position.
Page 9
The two young men had purchased copies of a handsomely-illustrated edition of Byron's poems, and upon visiting Poe a few days after this purchase, Mr.
Page 10
Wertenbaker, in his interesting reminiscences of the poet, says: "As librarian I had frequent official intercourse with Poe, but it was at or near the close of the session before I met him in the social circle.
Page 12
It is surmised with plausibility that the second marriage of Mr.
Page 14
Whilst the public was still pondering over the startling proposition, and enjoying perusal of its apparent proofs, Poe still further increased his popularity and drew attention to his works by putting forward the attractive but less dangerous theorem that "human ingenuity could not construct a cipher which human ingenuity could not solve.
Page 17
" A few weeks before.
Page 43
The subject, and some lines of the original version, having been suggested by the poet's friend, Mrs.
Page 45
* * * * * 9.
Page 49
We rule the hearts of mightiest men--we.
Page 52
Bottomless vales and boundless floods, And chasms, and caves, and Titan woods, With forms that no man can discover For the dews that drip all over; Mountains toppling evermore Into seas without a shore; Seas that restlessly aspire, Surging, unto skies of fire; Lakes that endlessly outspread Their lone waters--lone and dead, Their still waters--still and chilly With the snows of the lolling lily.
Page 90
That did you, sir, and well I knew at the time You were wrong, it being not the character Of the Earl--whom all the world allows to be A most hilarious man.
Page 91
Did I not tell you? _Cas_.
Page 93
What ho! Benito! Rupert! His lordship's chambers--show his lordship to them! His lordship is unwell.
Page 109
" "My Angelo! and why of them to be? A brighter dwelling-place is here for thee-- And greener fields than in yon world above, And woman's loveliness--and passionate love.
Page 124
And pride, what have I now with thee? Another brow may ev'n inherit The venom thou hast poured on me-- Be still my spirit! IV.
Page 136
rain in Autumn On the dead leaves, cold and fast.
Page 146
'Oinos'.
Page 151
The pulses were still.
Page 169
A remarkable instance of the effect of undue brevity in depressing a poem, in keeping it out of the popular view, is afforded by the following exquisite little Serenade: I arise from dreams of thee In the first sweet sleep of night When the winds are breathing low, And the stars are shining bright.
Page 187
full view--at the fully-matured fancies discarded in despair as unmanageable--at the cautious selections and rejections--at the painful erasures and interpolations,--in a word, at the wheels and pinions, the tackle for scene-shifting, the step-ladders and demon-traps, the cock's feathers, the red paint, and the black patches, which, in ninety-nine cases out of the hundred, constitute the properties of the literary _histrio.