Cuentos Clásicos del Norte, Primera Serie

By Edgar Allan Poe

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ligeramente irregular, eran
de igual color. Lo que encontraba yo de "extraordinario" en los ojos de
Ligeia consistía, sin embargo, en algo de naturaleza diferente de la
forma, el color o la brillantez; algo que, después de todo, me veo
obligado a referir a la _expresión_. ¡Ah, palabras sin significado, tras
de cuya vasta amplitud de sonido atrincheramos nuestra ignorancia de lo
espiritual! ¡La expresión de los ojos de Ligeia! ¡Cuánto he meditado
acerca de esto durante horas enteras! ¡Cuánto he luchado por evocarla en
el transcurso de toda una noche de verano! ¿Qué era aquello, aquello más
profundo que el manantial de Demócrito, aquello que había lejos, muy
lejos dentro de las pupilas de mi adorada? ¿Qué era _aquello?_ Estaba
poseído de la pasión de escudriñarlo. ¡Aquellos ojos! ¡aquellos orbes
inmensos, brillantes, divinos! Llegaron a convertirse para mí en las
estrellas gemelas de Leda, y yo para ellas en el más apasionado de los
astrólogos.

No hay sensación más irritante entre las mil anomalías de la mente que
el hecho, a que jamás se ha prestado atención en los colegios, según
creo, de que en el esfuerzo para rememorar cualquiera cosa olvidada por
largo tiempo, llegamos a menudo hasta _el borde mismo_ de la
reminiscencia, sin poder al cabo traer a la memoria lo que deseamos.
Así, ¡cuán frecuentemente durante el curso de un intenso escrutinio de
los ojos de Ligeia, sentía que me aproximaba al conocimiento pleno de
su expresión, lo sentía cerca, pero no en mi poder aún, y al fin volvía
a escaparse por completo! Y (¡oh, extrañeza! ¡oh, misterio entre todos!)
encontraba en los objetos más comunes del universo un círculo de
analogías con esta expresión. Quiero decir que en el período subsecuente
a la toma de posesión de mi espíritu por la hermosura de Ligeia, que
reinaba allí como en un trono, experimentaba al contacto de muchas
existencias del mundo material un sentimiento semejante al que me
producían siempre sus inmensas y luminosas pupilas. No me es posible,
sin embargo, definir ni analizar este sentimiento, ni siquiera
observarlo con claridad. Reconocía su expresión algunas veces, permitid
que lo repita, en el rápido desarrollo de una vid, en la contemplación
de una falena, una mariposa, una crisálida, un arroyo de agua corriente.
La he sentido en el océano, en la caída de un meteoro. La he encontrado
en la mirada de personas de mucha edad. Y hay en los cielos una o dos
estrellas, una especialmente, de sexta magnitud, doble y cambiante, que
se encuentra cerca de la estrella mayor de Lira, en la cual, en medio de
un examen telescópico, me di

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Text Comparison with The Works of Edgar Allan Poe — Volume 2

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" "Here, then," said Dupin to me, "you have precisely what you demand to make the ascendancy complete--the robber's knowledge of the loser's knowledge of the robber.
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" "So far as his labors extended?" said I.
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In short, I never yet encountered the mere mathematician who could be trusted out of equal roots, or one who did not clandestinely hold it as a point of his faith that x2+px was absolutely and unconditionally equal to q.
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It will be remembered, that, in the usual version of the tales,.
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Valdemar would be merely to insure his instant, or at least his speedy dissolution.
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I went so far as to regret the loss of the animal, and to look about me, among the vile haunts which I now habitually frequented, for another pet of the same species, and of somewhat similar appearance, with which to supply its place.
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In the next, a dozen stout arms were toiling at the wall.
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It was, beyond doubt, the coincidence alone which had arrested my attention; for, amid the rattling of the sashes of the casements, and the ordinary commingled noises of the still increasing storm, the sound, in itself, had nothing, surely, which should have interested or disturbed me.
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And the man listened to the sighs of the water-lilies, and to the murmur that came up from among them.
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The impulse increases to a wish, the wish to a desire, the desire to an uncontrollable longing, and the longing (to.
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The whole page was blotted with fresh tears; and, upon the opposite interleaf, were the following English lines, written in a hand so very different from the peculiar characters of my acquaintance, that I had some difficulty in recognising it as his own:-- Thou wast that all to me, love, For which my soul did pine-- A green isle in the sea, love, A fountain and a shrine, All wreathed with fairy fruits and flowers; And all the flowers were mine.
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There were in all, then, a hundred paces; and, admitting two paces to the yard, I presumed the dungeon to be fifty yards in circuit.
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The truth at length flashed upon me.
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From the innumerable images of gloom which thus oppressed me in dreams, I select for record but a solitary vision.
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It was a piece of "composition," in which the most fastidiously critical taste could scarcely have suggested an emendation.
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Wilson's retaliations in kind were many; and there was one form of his practical wit that disturbed me beyond measure.
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Neither was this species of scepticism likely to be diminished by the character of the life I led at Eton.
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I was singularly at ease.
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I saw them _now_ even more unequivocally than I beheld them _then_.
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It was a fearful page in the record my existence, written all over with dim, and hideous, and unintelligible recollections.