Cuentos Clásicos del Norte, Primera Serie

By Edgar Allan Poe

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de la situación lejana y a la intemperie que
ocupaba el cementerio de la familia. No negaré que al rememorar el
siniestro continente del personaje a quien encontré en la escalera el
día de mi llegada a la casa, se me pasaron todos los deseos de oponerme
a aquello que después de todo sólo consideraba inofensiva y de ninguna
manera extraordinaria precaución.

A petición de Úsher, yo mismo le ayudé en las disposiciones para el
entierro temporal. Después de colocado el cuerpo en el ataúd, nosotros
solos lo condujimos al lugar de su descanso. La bóveda en que lo
depositamos, cerrada por tan largo tiempo que nuestras antorchas
oscilaron en su pesada atmósfera, nos dejó poca oportunidad para
pesquisas minuciosas; era pequeña, húmeda, y estaba absolutamente
desprovista de medio alguno para recibir la luz; quedando situada a
gran profundidad exactamente debajo de la parte del edificio que
correspondía a mi cuarto de dormir. Aparentemente se había usado en
remotas épocas feudales como calabozo de la peor especie, y en los
últimos tiempos como depósito de pólvora o cualquiera otra substancia
combustible, pues parte del pavimento y todo el interior de un largo
pasillo abovedado que allí conducía, estaban cuidadosamente revestidos
de cobre. La puerta, de hierro macizo, estaba también protegida de
manera análoga. Su enorme peso producía un chirrido en extremo áspero y
discordante al girar sobre los goznes.

Después de depositar nuestra lúgubre carga sobre algunos soportes en
esta mansión de horror, nos volvimos a medias hacia el ataúd todavía sin
cerrar para contemplar el rostro de la ocupante. Lo primero que atrajo
mi atención fué la sorprendente semejanza que existía entre la hermana y
el hermano; y entonces Úsher, adivinando tal vez mis pensamientos,
murmuró algunas palabras por las cuales comprendí que la muerta y él
eran gemelos, y que siempre se había dejado notar entre ellos cierta
simpatía de constitución apenas explicable. Nuestras miradas no se
detuvieron largo tiempo sobre la difunta, porque no podíamos
contemplarla sin terror. El mal que postró a Lady Mádeline en plena
madurez de su juventud, dejóla, como sucede en todas las enfermedades de
carácter esencialmente cataléptico, la ironía de un débil sonrosado en
el seno y en el semblante, y aquella lánguida y misteriosa sonrisa, tan
terrible en los dominios de la muerte. Colocamos la tapa en su sitio
fijándola con tornillos y, después de asegurar la puerta de hierro,
volvimos penosamente a las habitaciones altas de la casa, tan tétricas
casi como el lugar que acabábamos de abandonar.

Después de algunos días de amargo pesar, presentóse un cambio notable en
los síntomas del desorden mental que afligía a mi amigo.

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Text Comparison with Le Corbeau = The Raven

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Eagerly I wished the morrow;--vainly I had sought to borrow From my books surcease of sorrow--sorrow for the lost Lenore-- For the rare and radiant maiden whom the angels name Lenore-- Nameless here for evermore.
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Ardemment je souhaitais le jour--vainement j'avais cherché d'emprunter à mes livres un sursis au chagrin--au chagrin de la Lénore perdue--de la rare et rayonnante jeune fille que les anges nomment Lénore:--de nom pour elle ici, non, jamais plus!_ And the silken sad uncertain rustling of each purple curtain Thrilled me--filled me with fantastic terrors never felt before; So that now, to still the beating of my heart, I stood repeating "'Tis some visitor entreating entrance at my chamber door-- Some late visitor entreating entrance at my chamber door;-- This it is and nothing more.
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Not the least obeisance made he; not an instant stopped or stayed he; But, with mien of lord and lady, perched above my chamber door-- Perched upon a bust of Pallas just above my chamber door-- .
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" _Je m'émerveillai fort d'entendre ce disgracieux volatile s'énoncer aussi clairement, quoique sa réponse n'eût que peu de sens et peu .
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» Alors l'oiseau dit: «Jamais plus.
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de «Jamais--jamais plus.
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lost Lenore!" Quoth the Raven, "Nevermore.
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chagrin chargée si, dans le distant Eden, elle doit embrasser une jeune fille sanctifiée que les anges nomment Lénore--embrasser une rare et rayonnante jeune fille que les anges nomment Lénore.