Cuentos Clásicos del Norte, Primera Serie

By Edgar Allan Poe

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Tenemos representadas, por consiguiente, nada menos que once de las
letras más importantes, y es inútil proseguir relatando los detalles de
la solución. Lo que he dicho basta para demostraros que claves de esta
naturaleza pueden ser descifradas fácilmente, y daros a la vez una idea
de su desenvolvimiento racional. Podéis estar seguro de que el ejemplar
que tenemos ante los ojos pertenece a la especie más sencilla de
jeroglíficos. Sólo me resta ahora facilitaros la traducción completa de
los caracteres trazados en el pergamino, tal como yo la he solucionado.
Hela aquí:

Un buen vidrio desde el hotel del obispo en el asiento del diablo
cuarenta y un grados trece minutos norte nordeste tronco principal
séptima rama este tiro por el ojo izquierdo de la calavera línea
recta desde el árbol siguiendo el tiro cincuenta pies.

--Pero el enigma continúa en tan mala condición como antes,--dije
yo.--¿Cómo es posible extraer ningún significado a toda esta jerga de
_asientos del diablo, calaveras y hoteles de obispos?_

--Hay que confesar,--repuso Legrand,--que el asunto reviste aspecto
grave, si se le considera con mirada superficial. Así, mi primera
tentativa fué dividir esta oración en las frases imaginadas naturalmente
por el autor del jeroglífico.

--¿Puntuarla, queréis decir?

--Algo por el estilo.

--Pero ¿cómo era posible realizarlo?

--Reflexioné que el escritor había corrido las palabras unas tras otras
sin división alguna _intencionalmente_ para aumentar las dificultades de
la solución y que, una vez en este terreno, un hombre no muy avisado se
sentiría predispuesto verosímilmente a exagerar la precaución. Cuando en
el curso de su composición llegara al

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Text Comparison with The Masque of the Red Death

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There were sharp pains, and sudden dizziness, and then profuse bleeding at the pores, with dissolution.
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The panes here were scarlet--a deep blood colour.
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There are some who would have thought him mad.
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But now there were twelve strokes to be sounded by the bell of the clock; and thus it happened, perhaps, that more of thought crept, with more of time, into the meditations of the thoughtful among those who revelled.
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But the mummer had gone so far as to assume the type of the Red Death.
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And the life of the ebony clock went out with that of the last of the gay.