Cuentos Clásicos del Norte, Primera Serie

By Edgar Allan Poe

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cuales jamás habíamos visto antes
ningún ejemplar. Había varias monedas muy grandes y muy pesadas, y tan
gastadas que no pudimos descubrir las inscripciones. Nada de moneda
americana. Encontramos más difícil estimar el valor de las joyas. Había
diamantes, algunos extraordinariamente grandes y hermosos, ciento diez
en total, y ninguno de ellos pequeño; dieciocho rubíes de reflejos
admirables; trescientas diez esmeraldas, todas muy bellas; veintiún
zafiros y un ópalo. Estas piedras habían sido arrancadas de su engaste y
arrojadas sueltas en el cofre. Los engastes, que encontramos entre otras
piezas de oro aparecían desfigurados a martillazos como para evitar su
identificación. Además de todo esto, había gran número de joyas de oro
macizo: cerca de doscientos anillos y pendientes; ricas cadenas, treinta
de ellas, si bien recuerdo; ochenta y tres crucifijos muy grandes y
pesados; cinco incensarios de oro de gran valor; una maravillosa
ponchera de oro ricamente cincelada y ornamentada de hojas de vid y
figuras de bacanal; dos empuñaduras de espada exquisitamente realzadas,
y muchos otros artículos menudos que no me es dado recordar. El peso de
estas alhajas excedía de trescientas cincuenta libras corrientes; no
habiendo incluído en esta apreciación ciento noventa y siete magníficos
relojes de oro, tres de los cuales valían cada uno quinientos dólares
por lo menos. Muchos de aquellos relojes eran extremadamente antiguos e
inútiles para medir el tiempo, habiéndose descompuesto su mecanismo en
mayor o menor proporción; pero todos estaban montados en ricas joyas y
en cajas de gran valor. Estimamos esa noche en millón y medio de dólares
el contenido del cofre; pero después de haber dispuesto de las joyas y
adornos, separando algunas para nuestro uso particular, encontramos que
habíamos tasado muy bajo nuestros tesoros.

Cuando, al cabo, concluído el inventario, y apaciguada en cierto modo la
intensa excitación de los primeros momentos, vió Legrand que moría yo
de impaciencia por la solución de este enigma extraordinario, entró en
la relación detallada de todas las circunstancias que con ello se
relacionaban.

--Recordaréis,--dijo,--aquella noche en que os alargué el bosquejo que
hice del escarabajo. Recordaréis asimismo que me sentí ofendido ante
vuestra insistencia en decir que mi dibujo parecía una calavera. La
primera vez que formulasteis aquella aserción creí que bromeabais; pero,
rememorando luego las manchas peculiares que el insecto tenía en el
lomo, convine conmigo mismo en que tal observación tenía en efecto
alguna apariencia de razón. Con todo, me irritaba la fisga hecha a mis
habilidades gráficas, porque en general se me considera buen artista; y
por consiguiente, cuando me devolvisteis la tira de pergamino estuve a
punto de estrujarla y arrojarla al fuego.

--¿La hoja de papel, queréis decir?--indiqué.

--No; tenía

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Text Comparison with The Works of Edgar Allan Poe — Volume 5

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The people _will _imitate the nobles, and the result is.
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" "Ah, here it is," he presently exclaimed--"it is reascending the face of the hill, and a very remarkable looking creature I admit it to be.
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, F.
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" And it was the nixt mornin', sure, jist as I.
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Approaching the table, I saw on it a large box, or case, nearly seven feet long, and perhaps three feet wide, by two feet and a half deep.
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Read from some humbler poet, Whose songs gushed from his heart, As showers from the clouds of summer, .
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The fact is, that the fancy of this poet so far predominates over all his other faculties, and over the fancy of all other men, as to have induced, very naturally, the idea that he is fanciful _only.
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It is, moreover, powerfully ideal--imaginative.
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1845 POEMS OF LATER LIFE THE RAVEN.
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Our talk had been serious and sober, But our thoughts they were palsied and sere-- Our memories were treacherous and sere; For we knew not the month was October, And we marked not the night of the year-- (Ah, night of all nights in the year!) We noted not the dim lake of Auber, (Though once we had journeyed down here) We remembered not the dank tarn of Auber, Nor the ghoul-haunted woodland of Weir.
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Its letters, although naturally lying .
Page 162
All is not still! Bal.
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The suburbs.
Page 173
' The opinion is the world's, truly, but it may be called theirs as a man would call a book his, having bought it; he did not write the book, but it is his; they did not originate the opinion, but it is theirs.
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She pats the pony, where or when She knows not.
Page 189
" In the valley of Siddim were five--Adrah, Zeboin, Zoar, Sodom and Gomorrah.
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with dew The breath of those kisses That cumber them too-- (O! how, without you, Love! Could angels be blest?) Those kisses of true love That lull'd ye to rest! Up!--shake from your wing Each hindering thing: The dew of the night-- It would weigh down your flight; And true love caresses-- O! leave them apart! * In Scripture is this passage--"The sun shall not harm thee by day, nor the moon by night.
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That eve--that eve--I should remember well-- The sun-ray dropp'd, in Lemnos, with a spell On th'Arabesque carving of a gilded hall Wherein I sate, and on the draperied wall-- And on my eye-lids--O the heavy light! How drowsily it weigh'd them into night! On flowers, before, and mist, and love they ran With Persian Saadi in his Gulistan: But O that light!--I slumber'd--Death, the while, Stole o'er my senses in that lovely isle So softly that no single silken hair Awoke that slept--or knew that it was there.
Page 209
But the skies that angel trod, Where deep thoughts are a duty-- Where Love's a grown up God-- Where the Houri glances are Imbued with all the beauty .
Page 215
1831.