Cuentos Clásicos del Norte, Primera Serie

By Edgar Allan Poe

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brazos
permaneció así como saboreando la voluptuosidad de un baño. Al cabo, con
un profundo suspiro, exclamó como en soliloquio:

--¡Y todo eto po la cucaracha de oro! ¡la linda cucaracha de oro! ¡la
pobre cucarachita de oro que yo maltrataba como un bestia! ¿No tiene
vergüensa de ti, negro? ¡Contesta!--

Fué necesario al fin que yo hiciera despertar a amo y criado a la
necesidad de levantar el tesoro. Hacíase tarde, e importaba apresurarnos
para transportar todo a la casa antes del amanecer. Era difícil decidir
lo que debía hacerse, y transcurrió mucho tiempo en deliberación, tan
confusas se hallaban nuestras ideas. Finalmente aligeramos la caja
sacando dos terceras partes de su contenido y sólo entonces logramos con
bastante trabajo sacarla del hoyo. Ocultamos entre la maleza los
artículos extraídos del cofre dejando a su cuidado al perro con órdenes
estrictas de Júpiter de no abandonar su puesto bajo ningún pretexto ni
abrir la boca hasta nuestro regreso. Luego nos encaminamos
apresuradamente a la casa llevando la caja, y llegamos con seguridad,
pero con excesivo trabajo, a la una de la mañana. Rendidos de cansancio
como nos encontrábamos era humanamente imposible hacer más por el
momento. Descansamos hasta las dos y tomamos algún alimento, regresando
inmediatamente a las colinas armados de tres sólidos sacos que por
suerte encontramos en la casa. Poco antes de las cuatro llegamos a la
excavación, dividimos el botín en partes aproximadamente iguales y
dejando los hoyos abiertos nos dirigimos de nuevo a la cabaña donde
depositamos por segunda vez nuestra dorada carga cuando empezaban
justamente a brillar hacia el oriente sobre la copa de los árboles los
primeros y débiles rayos del alba.

Nos sentíamos deshechos; pero la intensa agitación del momento nos
privaba del reposo. Después de un sueño intranquilo, que se prolongó
tres o cuatro horas, nos levantamos como si lo hubiéramos concertado de
antemano para examinar nuestros tesoros.

La caja había estado llena hasta el borde, y pasamos todo el día y gran
parte de la noche siguiente en examinar su contenido. No había señales
de orden alguno en el arreglo; todo se había arrojado a la ventura.
Separando todo por grupos cuidadosamente nos encontramos dueños de un
tesoro mucho mayor de lo que creímos al principio. En moneda acuñada
había más de cuatrocientos o quinientos mil dólares, a lo que pudimos
juzgar, estimando el valor de las piezas tan aproximadamente como era
posible según las tablas del período a que pertenecían. No había una
sola partícula de plata. Todo era oro de fecha antigua y de gran
diversidad: monedas francesas, inglesas y alemanas, algunas guineas
inglesas y algunas fichas de las

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Text Comparison with The Masque of the Red Death

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The external world could take care of itself.
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There was a sharp turn at every twenty or thirty yards, and at each turn a novel effect.
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There were much glare and glitter and piquancy and phantasm--much of what has been since seen in "Hernani".
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Even with.
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But from a certain nameless awe with which the mad assumptions of the mummer had inspired the whole party, there were found none who put forth hand to seize him; so that, unimpeded, he passed within a yard of the prince's person; and, while the vast assembly, as if with one impulse, shrank from the centres of the rooms to the walls, he made his way uninterruptedly, but with the same.
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He had come like a thief in the night.