Cuentos Clásicos del Norte, Primera Serie

By Edgar Allan Poe

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en su
mente por el hallazgo del escarabajo o, quizá también, por la
obstinación de Júpiter en asegurar que este insecto era "un animal de
oro verdadero." Una mente predispuesta a la locura pronto se dejaría
arrastrar por tales sugestiones, especialmente si concordaban con ideas
favoritas preconcebidas, lo que me hizo recordar que el pobre muchacho
llamaba al escarabajo "la base de su fortuna." Encontrábame tristemente
vejado e impresionado, pero al fin resolví hacer de necesidad virtud y
cavar con entusiasmo para convencer más pronto al visionario, con
demostración ocular, de la falsedad de sus opiniones.

Encendimos las linternas y nos pusimos todos a la obra con ardor digno
de mejor causa. No pude menos de pensar, observando el resplandor que
iluminaba nuestras personas e instrumentos, en el grupo tan pintoresco
que debíamos formar, y cuán extraña y sospechosa parecería nuestra labor
a cualquiera que por casualidad se hubiera acercado a los alrededores.

Cavamos de firme durante dos horas. Apenas hablábamos; y nuestra
preocupación principal consistía en los ladridos del perro que tomaba
interés extraordinario en nuestros procedimientos. Alcanzaron por último
tal diapasón que temimos pudiera dar la alarma a cualquier vagabundo en
las cercanías; mejor dicho, tales eran las aprensiones de Legrand, pues
en cuanto a mí habría acogido con placer cualquiera interrupción que me
permitiera hacer regresar a casa al extraviado. El ruido fué dominado al
fin muy eficazmente por Júpiter que, saliendo del agujero con aire de
inflexible determinación, ató el hocico del perro con uno de sus
tirantes, volviendo luego a su tarea con risa ahogada de satisfacción.

Cuando expiró el tiempo indicado habíamos llegado a una profundidad de
cinco pies sin que aparecieran indicios de tesoro alguno. Siguió una
pausa general y comencé a esperar que estuviéramos al final de la farsa.
Sin embargo, Legrand, aunque visiblemente desconcertado, enjugó
pensativo su frente y se puso de nuevo a la obra. Habíamos excavado
completamente el círculo de cuatro pies de diámetro y ensanchamos algo
aquel límite ahondando dos pies más de profundidad. Nada apareció. El
buscador de oro, a quien compadecía yo sinceramente, trepó al fin del
fondo del hoyo con la decepción más amarga impresa en sus facciones y
procedió pausadamente y a más no poder a endosar su chaqueta que había
arrojado al comenzar su labor. Yo no hacía observación alguna. Júpiter
comenzó a reunir las herramientas a una señal de su amo. Hecho esto, y
quitada la mordaza al perro, nos encaminamos a casa en profundo
silencio.

Habríamos andado quizá una docena de pasos en aquella dirección cuando
Legrand se dirigió violentamente a Júpiter con un gran juramento
sacudiéndolo por el cuello.

--¡Canalla!--exclamó, silbando las

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Text Comparison with The Works of Edgar Allan Poe — Volume 4

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have there fastened by way of a quiz.
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We really do not believe the vagabond can write a word that hasn't an O in it.
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The career of the horseman was indisputably, on his own part, uncontrollable.
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"The first thing requisite is to get yourself into such a scrape as no one ever got into before.
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The very letters have an air of profundity about them.
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my feet, and that Diana was sitting, according to my explicit directions, upon her hind legs, in the farthest corner of the room.
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About the mouth there was more to be observed.
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The original, for instance, is long, and verbose, is headed "A Pocket-Book Lost!" and requires the treasure, when found, to be left at No.
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and who are noted for giving away guineas, in charity, with the one hand, while, in the way of mere bargain, they exact the uttermost fraction of a farthing with the other.
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In a few minutes the blaze broke forth with violence, and in an incredibly brief period the entire building was wrapped in flames.
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Without despairing, however, I undertook the siege of a less implacable heart.
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--It is really a very fine amusement to ascend the rope-ladder leading to the summit of the balloon-bag, and thence survey the surrounding world.
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When.
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which alone we have any right to entertain in respect to those Titanic circles with which we have to deal, at least in fancy, when we suppose our system, with its fellows, revolving about a point in the centre of the galaxy.
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.
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our approach to the outskirts of the city, my tormentor, arising and adjusting his shirt-collar, thanked me in a very friendly manner for my civility.
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The person of whom I speak, seemed born for the purpose of foreshadowing the wild doctrines of Turgot, Price, Priestley, and Condorcet--of exemplifying, by individual instance, what has been deemed the mere chimera of the perfectionists.
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Leaving this open, he goes round to the rear of the box, and opens a door precisely at the back of door No.
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These dimensions are fully sufficient for the accommodation of a man very much above the common size--and the main compartment alone is capable of holding any ordinary man in the position we have mentioned as assumed by the person concealed.
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The great "movement"--that was the cant term--went on: a diseased commotion, moral and physical.