Cuentos Clásicos del Norte, Primera Serie

By Edgar Allan Poe

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de la calavera etá al mimo lao que la
mano isquierda de la calavera? Poque no l'encuentro manos a la
calavera.... ¡No importa! Aquí tengo ahora el ojo isquierdo... aquí etá
el ojo isquierdo.... ¿Qué ago con él?

--Deja caer por allí al insecto hasta donde alcance el cordón; pero ten
mucho cuidado de no dejar escapar el otro extremo.

--Listo, patrón. Fasilito pasó la cucaracha por el aujero... aora
¡cuidao con el bicho ayá abajo!

Durante todo este coloquio nada podía descubrirse de la persona de
Júpiter; pero el insecto, que había dejado descender, veíase ahora al
extremo del cordón, brillando como un globo de oro bruñido a los
últimos rayos del sol poniente que iluminaban todavía débilmente la
eminencia en que nos encontrábamos. El escarabajo oscilaba libremente
fuera de las ramas y, de soltarlo, habría caído a nuestros pies. Legrand
cogió la hoz al punto y desmontó un espacio circular de tres o cuatro
pies de diámetro, exactamente debajo del insecto; cumplido lo cual
ordenó a Júpiter soltar el cordón y descender del árbol.

Clavando en el suelo una estaca con gran esmero, en el punto preciso
donde cayó el animal, sacó mi amigo del bolsillo una cinta de medida.
Asegurando uno de sus extremos al tronco por el sitio más cercano a la
estaca, la desenrolló hasta alcanzar este punto, continuando la
operación hasta la distancia de cincuenta pies siguiendo la dirección
establecida por los dos puntos del tronco y la estaca. Júpiter abría
camino en la maleza con la hoz. Llegando al sitio determinado en esta
forma, enclavó de nuevo otra estaca y, tomándola como eje, describió un
círculo de cuatro pies de diámetro aproximadamente. Cogiendo entonces
una azada para sí y dando una a Júpiter y otra a mí, nos encareció
ponernos a cavar con la mayor actividad posible.

A decir verdad, no tenía yo especial afición por este entretenimiento en
ningún caso, y habría declinado gustoso la invitación en semejante
momento, porque la noche caía y me sentía muy fatigado con todo el
ejercicio que habíamos llevado a cabo; pero no vi modo alguno de
escapar, temiendo alterar la ecuanimidad de mi pobre amigo con una
negativa. Si hubiera podido contar con la ayuda de Júpiter, no habría
vacilado en intentar el regreso del lunático a la casa, aun cuando fuera
por fuerza; pero sabía muy bien las disposiciones del viejo negro para
esperar que quisiera sostenerme, en cualesquiera circunstancias, en
lucha personal contra su amo. No dudaba yo que éste se hubiera
contagiado con alguna de las innumerables supersticiones del sur con
respecto a dinero enterrado, y que tal fantasía se confirmara

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Text Comparison with Nouvelles histoires extraordinaires

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De loin en loin, ces choses sont encore entrevues, et j'ai trouvé une fois dans un article de M.
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Dans le sens que j'y attache, c'est, en réalité, un mobile sans motif, un motif non motivé.
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J'héritai de sa fortune, et tout alla pour le mieux pendant plusieurs années.
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(Le temps était froid, et en quittant ma chambre j'avais jeté par-dessus mon vêtement du matin un manteau que j'ôtai en arrivant sur le théâtre du jeu.
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La race des commis sautait aux yeux, et là je distinguai deux divisions remarquables.
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excessive, devait les trahir du premier coup.
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Par bonheur, je portais des claques en caoutchouc, et je pouvais aller et venir sans faire le moindre bruit.
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Un frisson de glace parcourut mon corps; une sensation d'insupportable angoisse m'oppressait; une dévorante curiosité pénétrait mon âme; et, me renversant dans le fauteuil, je restai quelque temps sans souffle et sans mouvement, les yeux cloués sur sa personne.
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long vestibule que nous traversâmes pour y arriver étaient soigneusement revêtues de cuivre.
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Voici: mon menton posait sur le sol de la prison, mais mes lèvres et la partie supérieure de ma.
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Luchesi.
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--_Pour l'amour de Dieu, Montrésor!_ --Oui,--dis-je,--pour l'amour de Dieu! Mais à ces mots point de réponse; je tendis l'oreille en vain.
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Ses joues reposaient sur ses épaules comme deux énormes outres de vin d'Oporto.
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deux marins ne se conduisirent pas avec tout le décorum qu'on aurait eu le droit d'attendre d'eux.
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--Douze!--dit la cloche.
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Pendant que je cherchais la réponse à faire à cette question, le petit docteur Ponnonner s'aventura dans une voie très-extraordinaire.
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Je pris mon chapeau, je la saluai avec un certain embarras, et je pris congé.
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Les savants parlaient de légères perturbations géologiques, d'altérations probables dans les climats et conséquemment dans la végétation, de la possibilité d'influences magnétiques et électriques.
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Et là, il n'y a ni repos ni silence.
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Et alors la touche fut donnée, et alors le glacis fut placé; et pendant un.