Cuentos Clásicos del Norte, Primera Serie

By Edgar Allan Poe

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durante el
verano por los fugitivos del polvo y las fiebres de Chárleston, puede
encontrarse en verdad la palmera de abanico; pero toda la isla, con
excepción de la parte occidental y de una faja blanca y endurecida a la
ribera del mar, está cubierta de una densa maleza del mirto blanco tan
apreciado por los horticultores de Inglaterra. Estos arbustos alcanzan a
menudo una altura de quince o veinte pies y forman un tallar casi
impenetrable, embalsamando el aire con su fragancia.

En la más intrincada espesura de aquel soto, no muy alejada de la
extremidad oriental y más remota de la isla, había construído Legrand
una pequeña cabaña que habitaba en la época en que le conocí
incidentalmente por primera vez. Pronto este conocimiento se convirtió
en amistad, porque el recluso tenía muchas cualidades propias para
despertar interés y estimación. Lo encontré bien educado, de mentalidad
extraordinaria, pero atacado de misantropía y sujeto a perniciosos
accesos alternados de entusiasmo y melancolía. Tenía muchos libros, pero
rara vez hacía uso de ellos. Su principal distracción consistía en la
caza y la pesca o en vagar por la ribera y a través de los mirtos en
busca de conchas o ejemplares entomológicos, cuya colección de los
últimos podía haber causado la envidia de un Swámmerdamm. En estas
excursiones le acompañaba generalmente un negro viejo, llamado Júpiter,
a quien había franqueado antes de sus desgracias de familia, pero al
cual ni amenazas ni promesas pudieron inducir a abandonar lo que
consideraba su derecho de seguir los pasos de su joven "amo Will." No
sería extraño que los parientes de Legrand, juzgándole de mente algo
perturbada, hubieran contribuído a infundir a Júpiter esta obstinación
con el objeto de mantener cierta vigilancia y tutela sobre el vagabundo.

En la latitud de la isla de Súllivan los inviernos no son muy severos
por lo general, y en el otoño es muy raro que se sienta la necesidad de
encender la chimenea. Sin embargo, a mediados de octubre de 18--ocurrió
un día de frío extraordinario. A la hora precisa del ocaso me abría yo
paso entre las siemprevivas hacia la cabaña de mi amigo a quien no había
visto durante varias semanas, pues que en aquel entonces residía yo en
Chárleston, a nueve millas de distancia de la isla, y las facilidades
para el viaje de ida y vuelta estaban muy lejos de aproximarse a las del
tiempo actual. Al llegar a la choza golpeé la puerta como de costumbre
y, no obteniendo respuesta, busqué la llave en el sitio donde yo sabía
que la ocultaban de ordinario, abrí la puerta y

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Text Comparison with The Raven

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Muller.
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" _F.
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Johnson.
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Even though the poet himself, in his other mood, tell you that his art is but sleight of hand, his food enchanter's food, and offer to show you the trick of it,--believe him not.
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Where there was nothing, it remains,--a new creation, part of the treasure of mankind.
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"The Haunted Palace" is just as definite to the select reader, but Poe scarcely would have taken that subtle allegory for bald analysis.
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The long, low chamber in the house near the Bloomingdale Road is as famous as the room where Rouget de l'Isle composed the Marseillaise.
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But the text of _The Raven_, owing to the requests made to the author for manuscript copies, was still farther revised by him; in fact, he printed it in Richmond, just before his death, with the poetic substitution of "seraphim whose foot-falls" for "angels whose faint foot-falls," in the fourteenth stanza.
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There are other trails which may be followed by the curious; notably, a passage which Mr.
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Poe, like Hawthorne, came in with the decline of the Romantic school, and none delighted more than he to laugh.
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Yet his heart was with the romancers and their Oriental or Gothic effects.
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is dead," etc.
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Such matters concerned him less than to make shape and distance, light and shade, assist his purpose,--which was to excite the soul, the imagination, of the looker on.
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Poe was the truer worshipper of the Beautiful; his love for it was a consecrating passion, and herein he parts company with his illustrator.
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"Surely," said I, "surely that is something at my window lattice; Let me see, then, what thereat is, and this mystery explore-- Let my heart be still a moment and this mystery explore;-- 'T is the wind and nothing more!" Open here I flung the shutter, when, with many a flirt and flutter, In there stepped a stately Raven of the saintly days of yore.
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" Much I marvelled this ungainly fowl to hear discourse so plainly, Though its answer little meaning--little relevancy bore; For we cannot help agreeing that no living human being Ever yet was blessed with seeing bird above his chamber door-- Bird or beast upon the sculptured bust above his chamber door, With such name as "Nevermore.
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"Wretch," I cried, "thy God hath lent thee--by these angels he hath sent thee Respite--respite and nepenthe from thy memories of Lenore! Quaff, oh quaff this kind nepenthe, and forget this lost Lenore!" Quoth the Raven, "Nevermore.
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" [Illustration] "Sorrow for the lost Lenore.
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