Cuentos Clásicos del Norte, Primera Serie

By Edgar Allan Poe

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después de cubrir mi
rostro con una máscara de seda negra y ceñir estrechamente a mi cuerpo
un _roquelaure_, permití que me arrastrara hacia mi _palazzo_.

No había criados en la casa; todos habían salido a divertirse en
obsequio a la ocasión. Habíales dicho que no regresaría hasta la mañana
siguiente, a la vez que les daba órdenes explícitas de no abandonar el
palacio. Sabía yo bien que dichas órdenes eran razón suficiente para
provocar la desaparición inmediata de todos y cada uno de ellos tan
pronto como hubiera yo vuelto las espaldas.

Cogí dos antorchas de sus candelabros y dando una a Fortunato le escolté
a través de una serie de habitaciones hasta el pasillo que conducía a
los subterráneos. Bajé una larga escalera de caracol, recomendándole
tener precaución cuando siguiera este camino. Llegamos al cabo a la
extremidad inferior del descenso, y nos detuvimos juntos sobre el húmedo
suelo de las catacumbas de los Montresor.

La marcha de mi amigo era vacilante, y los cascabeles de su gorro
repiqueteaban a cada paso.

--¿La pipa?--preguntó.

--Está más allá,--respondí yo;--pero fijaos en las blancas telarañas que
relucen en los muros de estas cuevas.--

Volvióse hacia mí y me miró con turbias pupilas que destilaban el reuma
de la embriaguez.

--¿Nitro?--inquirió, al fin.

--Nitro,--afirmé.--¿Cuánto tiempo hace que tenéis esta tos?

--¡Ugh! ¡ugh! ¡ugh!... ¡ugh! ¡ugh! ¡ugh!... ¡ugh!¡ugh! ¡ugh!...
¡ugh!¡ugh! ¡ugh!... ¡ugh! ¡ugh! ¡ugh!--

Mi pobre amigo se encontró incapaz de contestar durante largos minutos.

--No es nada,--dijo al cabo.

--¡Vámonos!--exclamé entonces con decisión,--regresemos; vuestra salud
es preciosa. Sois rico, respetado, admirado, amado; sois feliz, como lo
era yo en otro tiempo. Sois un hombre que haría falta. Para mí esto no
significa gran cosa. Regresemos; enfermaréis, y no quiero ser el
responsable. Además, allí está Luchresi...

--Basta,--declaró Fortunato;--esta tos no vale nada; no me matará. No
moriré, por cierto, de un resfriado.

--Es verdad, es verdad,--repliqué;--ciertamente que no era mi intención
alarmaros sin motivo; pero debéis tomar todas las precauciones
necesarias. Un trago de este Médoc nos preservará de la humedad.--

Diciendo estas palabras rompí el cuello de una botella que cogí de una
larga hilera de sus compañeras que yacían entre el polvo.

--Bebed,--dije, presentándole el vino.

Levantólo hasta sus labios mirándolo amorosamente. Detúvose luego y me
hizo un signo familiar con la cabeza mientras sus cascabeles
repiqueteaban.

--Brindo,--dijo,--por los muertos que reposan a nuestro rededor.

--¡Y yo, por vuestra larga vida!--

Tomó mi brazo de nuevo, y proseguimos.

--Estas catacumbas son extensas,--opinó.

--Los Montresor,--repuse,--eran una antigua y numerosa familia.

--No recuerdo vuestras armas.

--Un gran pie humano de oro sobre campo de azur; el pie destroza una
serpiente rampante cuyas fauces están incrustadas en el taco.

--¿Y el lema?

--_Nemo me impune

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Text Comparison with Ligeia und andere Novellen; Sieben Gedichte

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Joseph Glanvill Bei meiner Seele! ich kann mich nicht erinnern, wie, wann und wo ich die erste Bekanntschaft machte -- der Lady Ligeia.
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Ich konnte nicht länger daran zweifeln, daß wir in unserm Vorgehen allzu voreilig gewesen waren, ich konnte nicht länger daran zweifeln -- daß Rowena lebte.
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Ich rührte mich nicht -- doch meine Blicke hingen an der Erscheinung.
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Ich betrachtete sie von allen, allen Seiten.
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Aber sie war Weib und härmte sich und schwand hin und welkte von Tag zu Tag.
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Es war an einem Abend in Eleonoras fünfzehntem und meinem zwanzigsten Lebensjahre, da saßen wir, einander eng umschlungen haltend, unter den Schlangenbäumen und blickten hinab in den Fluß des Schweigens und auf unser Bild, das sich in seinen Wassern spiegelte.
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Und an ihren Orten brachen -- zu zehn auf einmal -- dunkle, blauäugige Veilchen auf, und ihre Augen standen immer voll Tau und blickten kummervoll.
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Die musikalische Begabung ist ebensowenig wie jedes andere Talent da, wo kein zweiter ihre Äußerungen würdigt, zur Gewährung eines vollkommenen Genusses befähigt, und nur in Verbindung mit andern Begabungen bringt sie die Wirkungen hervor, die erst in der Einsamkeit ganz genossen werden mögen.
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Es war im laubreichen Juni.
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Sie ist dem Tode um ein Jahr näher: denn es ist meinen Blicken nicht entgangen, daß, als sie in die Dämmerung kam, ihr Schatten von ihr abfiel und vom dunklen Wasser verschlungen ward, dessen Schwärze noch schwärzer davon wurde.
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Es war ein Stück »Komposition«, in der selbst der anspruchsvollste kritische Geschmack kaum eine Verbesserung hätte vorschlagen können.
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Kurz, der einzige Ein- und Ausgang bestand in einem Tor, das einen Felspfad sperrte, wenige Schritte unterhalb der Stelle, auf der ich stehen blieb, um die Szene zu betrachten.
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Die nackte Wand des östlichen Giebels wurde durch eine Treppe (mit Geländer) gehoben, die schräg daran emporlief -- der Aufstieg begann von Süden.
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»Romantik« -- vorausgesetzt, daß meine Leser begreifen, was ich hier mit dem Wort besagen will -- »Romantik« und »Weiblichkeit« sind.
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»Was man an Gesundheit«, sagte er, »auf anderm Wege erreichen kann, ist dieses Namens kaum wert.
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Er erklärte das so: -- Angenommen, die ursprüngliche Absicht sei die irdische Unsterblichkeit des Menschen gewesen.
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Allerdings liegt alles an der Wahl eines geeigneten Platzes.
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Die tief melancholischen Seelen meiden einen weiten Blick wie die Pest.
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Hier schwingt sich das Ufer in sehr sanfter Steigung vom Fluß empor und bildet eine breite Rasenfläche, die nur mit Sammet zu vergleichen ist und ein so strahlendes Grün aufweist, daß es mit dem reinsten Smaragd wetteifert.
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Johlend tanzt er zu dem Sang; Haltend Schritt, Schritt, Schritt Tanzt er Runenrhythmen mit Zum Triumph aus Glockenklang, Glockenklang.