Cuentos Clásicos del Norte, Primera Serie

By Edgar Allan Poe

Page 108

mil
francos en oro para embarazarse con un paquete de trapos? El oro se
había abandonado. Casi toda la suma indicada por Monsieur Mignaud, el
banquero, fué encontrada en talegos en el suelo. Quiero, por
consiguiente, que descartéis la disparatada idea de _motivo_ engendrada
en el cerebro de la policía por aquella parte del testimonio que habla
de dinero entregado a las puertas de la casa. Coincidencias diez veces
más notables que la entrega del dinero y el asesinato cometido dentro
del tercer día, suceden en todos los momentos de nuestra vida, sin
llamar la atención siquiera sea superficialmente. Las coincidencias
representan en general grandes tropiezos en la vía de aquellos
pensadores que no están acostumbrados a sondear la teoría de las
probabilidades, teoría a que se deben los resultados más gloriosos de la
investigación humana para mayor gloria de la ilustración. En el caso
actual, si el oro hubiese desaparecido, el hecho de haberse entregado
tres días antes habría sido algo más que coincidencia. Habría
corroborado la idea del motivo. Mas, bajo las verdaderas circunstancias,
si creemos que el oro fué la causa del crimen, tendríamos que juzgar al
criminal tan idiota e incapaz como para abandonar a la vez su oro y su
motivo.

Conservando ahora cuidadosamente en mira los puntos hacia los cuales he
dirigido vuestra atención: aquella voz peculiar, aquella extraordinaria
agilidad y la chocante ausencia de motivo en un crimen tan singularmente
atroz, demos una ojeada al asesinato en sí mismo. Tenemos aquí una mujer
estrangulada por la fuerza de las manos y encajada cabeza abajo en una
chimenea. Los asesinos no emplean ordinariamente tales medios. Y menos
aún, disponen de los cadáveres en semejante forma. Convendréis conmigo
en que había algo excesivamente _outré_, algo irreconciliable
completamente con las nociones comunes del impulso humano en la manera
de arrojar este cuerpo por la chimenea, aun cuando queramos suponer al
autor el más depravado de los hombres. Pensad asimismo ¡cuán enorme debe
haber sido la fuerza capaz de empujar _hacia arriba_ el cadáver en
cavidad tan estrecha que apenas fué suficiente el esfuerzo reunido de
varios hombres para arrastrarlo _hacia abajo!_

Volvamos luego a las otras manifestaciones de este vigor maravilloso.
Había en el hogar madejas, gruesas madejas, de grises cabellos humanos
arrancados de raíz. Conocéis la fuerza enorme que requiere arrancar
juntas siquiera veinte o treinta hebras de pelo. Visteis, lo mismo que
yo, las madejas a que se alude. Las raíces (¡repugnante espectáculo!)
estaban adheridas a fragmentos de piel del cráneo, muestra irrefutable
de la fuerza prodigiosa que se había desplegado para arrancar quizá
medio millón de hebras a la vez. El cuello de la

Last Page Next Page

Text Comparison with Cuentos Clásicos del Norte, Primera Serie

Page 7
Su reputación en los Estados Unidos ha quedado por consiguiente establecida no por virtud de su arte de estilista sino en razón de poseer cierta habilidad especial para producir efectos de encanto sobrenatural.
Page 15
Arrojándolos a un lado, descubrí pronto una cantidad de piedras de construcción y argamasa.
Page 19
Cuando terminó su trabajo me lo alargó sin levantarse.
Page 27
--Entonces, prueba la madera con tu cuchillo y fíjate bien si la rama está _muy_ seca.
Page 35
Cerca del paraje donde lo encontramos observé los despojos del casco de algo que parecía haber sido la falúa de algún barco.
Page 36
Por consiguiente, no fuisteis _vos_ quien hizo el diseño de la calavera ni había nadie presente que pudiera hacerlo.
Page 41
Sabemos ya que el punto y como que le sigue inmediatamente es el principio de otra palabra, y de los seis caracteres que suceden a este _the_ conocemos cinco nada menos.
Page 42
good, lo que nos prueba que la primera letra es una _A_, y que las dos primeras palabras son _A good_ (Un buen).
Page 48
Era muy posible, reflexionaba yo, que simplemente un arreglo diverso de los detalles de la escena, de los toques del cuadro, fuera suficiente para modificar y anular quizá por completo su cualidad de impresionar tristemente; y raciocinando así, encaminé mi cabalgadura hacia la margen escarpada de un negro y cárdeno lago que yacía con brillo inmóvil cerca de la morada; miré abajo, y pude contemplar en el fondo con estremecimiento más vivo aún la imagen refleja e invertida de las grises junceas, de las ramas de los árboles semejando espectros, y de las ventanas que aparecían como cuencas vacías.
Page 53
sus enflaquecidos dedos entre los cuales brotaban lágrimas apasionadas.
Page 54
Quizá si los estrechos límites en que se confinaba él mismo al tocar la guitarra eran, en gran parte, lo que daba vida a la índole fantástica de su ejecución.
Page 60
Habíamos llegado a la parte bien conocida de esta historia en que Éthelred, el héroe del _Trist_, habiendo intentado en vano penetrar pacíficamente en la morada del ermitaño, se resuelve a lograrlo a viva fuerza.
Page 62
Mas tan pronto como coloqué una de mis manos en su hombro, sentí un fuerte estremecimiento en todo su cuerpo; una sonrisa marchita tembló sobre sus labios; y vi que hablaba en un murmullo bajo, precipitado e ininteligible, como inconsciente de mi presencia.
Page 89
No había un átomo de charlatanería en Dupín.
Page 109
No digo nada de las magulladuras del cuerpo de Madame L'Espanaye.
Page 113
Muerto su compañero, pasó el animal a su exclusiva propiedad.
Page 119
Todas mis riquezas desaparecieron repentinamente, y desde entonces me entregué a la desesperación.
Page 124
Por un momento quedó inmóvil el grupo en las escaleras a causa de su extremo horror y espanto.
Page 135
"Quizá creeréis que soy jactancioso, pero lo que digo es la pura verdad.
Page 136
Apenas me había asegurado en mi nueva posición, cuando dimos un violento vuelco a estribor y nos precipitamos en el abismo.